Rectas interminables. Namibia en bicicleta

15y 16 de septiembre 2019

Lo primero que que hago al levantarme es enterrar la segunda pelota de ping pong. Luego toca volver por donde he venido. Tengo que subir las cosas poco a poco desde la hondonada donde he acampado. Hay que ver lo afiladas que están las espinas de los arbustos. Exagerado como se clavan. La vuelta mucho mejor. Es casi todo cuesta abajo. No puedo correr mucho porque con los baches la bici sufre con la carga que lleva. La versión 2.0 de las garrafas funciona a la perfección. Un problema menos. Lo he solucionado poniendo una cuerda al exterior de la garrafa y la otra punta al manillar. El trozo de camino se me ha hecho súper corto. ¡Y pensar que sufri tanto a la ida!

Cojo la carretera B1 que me lleva a Okahandja. Al pasar por Windhoek veo un centro comercial a un lado. Tiene un KFC y yo tengo mucha hambre. Como no hay una salida de la nacional que vaya allí, me cojo un camino. Hay un trozo estrecho que creo que paso, pero no. Me patina la rueda de alante y me voy de cabeza por el terraplén. Yo consigo saltar a tiempo y solo se cae la bici. Subirla me cuesta un dolor con lo que pesa. Dejo la bici fuera bajo la vigilancia de un guarda de seguridad. Así puedo entrar al baño tranquilo de que no me roben. Siempre que tengo que entrar a algún sitio y dejo la bici que no la veo me genera mucha intranquilidad. Me como tres trozos de pollo y lo mejor, una Fanta bien fría. Por la noche hace frío, hoy me he levantado a 12 grados, pero a las dos horas hace una calor insoportable para pedalear. El termómetro me marca 34 grados a las once de la mañana. El agua enseguida se pone caldo y cuesta beber de tan caliente que está. Por eso una bebida fresca es la felicidad. Bebida que me tomó en una gasolinera y ya de paso lleno la botella del hornillo antes de que se me vuelva a olvidar. Aprovechó para hinchar las ruedas a la bici. La presión en el manometro va a golpes y no consigo verlo bien, así que le doy tres chufletazos a la rueda de alante. Al primero que le doy a la de atrás se pone en cinco bares. ¡No sé cuanto le he metido a la otra!, pero una barbaridad, sin duda. Les quito aire a la dos.

Ostión

La carretera está recién asfaltada. Tiene un arcén que casi cabe un coche. Aunque es una nacional, el tráfico no es excesivo. Después del camino lo encuentro agradable, hasta que vienen la rectas. Es una carretera muy monótona, con rectas interminables. Hay pasos elevados cada cierto tiempo para hacer un cambio de sentido y yo aprovecho alguno para hacer un descanso a la sombra debajo de ellos. La carretera es llana, diría que un poco cuesta abajo. Aparecen unos monos a la izquierda y se ponen a cruzar. Son enormes. Monos y pavos son los únicos animales que he visto de momento. No tengo nada claro donde voy a dormir. La carretera está vallada, no se si para que no entren animales o son fincas particulares. Pero el caso es que no hay ningún lugar para esconderse. Paso un contrato policial y les digo que voy hasta Okahandja pero solo queda una hora de luz y 40 kilómetros así que no se si se lo creen. Pero bueno, me dejan pasar. Hay un trozo de obras y creo que detrás de unos árboles no se me verá. Me acercó mirar a ver. La verdad es que el sitio esta fatal, a tres metros de la carretera y tapado ligeramente por unos árboles secos. Pero no me atrevo seguir a ver si no voy a encontrar un sitio.

Hoy si que tengo fuego y para cenar judías con tomate. Las pongo al fuego y en menos de cinco segúndos…¡se me han quemado! Hay que ver como tira este hornillo. Lo malo es que no se puede regular así que más vale que tenga cuidado cuando cocine. Me pego un quemazo en el dedo al ir a poner bien una pieza que lleva. Me entran muy bien la judías y aún me quedo con hambre. Se me ha pinchado el colchón y lo malo es que el pinchazo es muy pequeño para encontrarlo. Si es que estos matojos pinchan que da gusto.

Tres semanas antes de empezar el viaje me dio un lumbago y estuve una semana sin poder moverme por lo que estoy muy preocupado por que la espalda no me de problemas. Hoy me ha dolido un poco y además, como perdí un cuerno de la bici, no puedo pedalear erguido y tengo que ir encogido en el manillar. A ver como evoluciona el asunto. El dedo que me corté lo llevo bastante hinchado. Imagino que será normal. Hoy ya me duele menos. Arranco con el tiempo fresco, cosa que no tarda en cambiar. Las rectas son eternas pero hoy voy cuesta abajo y la primera hora llevo una media de 20 km/h. Ayer me hice 62 km y hoy solo me quedan 40 para llegar. A este ritmo me planto allí enseguida. Pero amigo, que pronto cambian las tornas. Se levanta un fuerte aire en contra y la carretera se pone a subir levemente. Ahora si que las rectas se me hacen largas, pero que muy largas. Ya no paso de 10 km/h y lo peor es ver que no se acaba nunca. A quince kilómetros para llegar la carretera de se estrecha. Aún no han arreglado este trozo. Ahora así que está peligrosa. Ya no hay arcén. Aunque, en general, respetan bastante cuando vienen de frente y por detrás a la vez me pasan muy cerca. Con el aire, un par de camiones me han sacado de la carretera. Es muy estresante ir así.

Un termitero, creo

Como siempre todo acaba, lo bueno y lo malo y llego, por fin, a Okahandja. A las entrada hay un Camping y allí es donde voy a dormir dos noches. Mañana me tomo descanso para recuperar un poco. Hay una cocina en el Camping y cuando entro veo que tiene… ¡¡ una nevera con congelador!!! ¡¡Si!! La gloria. Agua fresca a mi disposición. Lo primero que hago es meter las garrafas al congelador. Una vez montada la tienda me voy a buscar un farmacia para comprar betadine, que no tengo nada para desinfectar las heridas. Me dan un bote de 250 mL. Para toda la vida tengo con semejante cantidad. Luego entro al súper y resulta que allí venden botes de 20ml a mitad de precio. Desastre. Los precios en el súper son muy caros, ya me lo advirtió Maya. El kilo de pimienta todos a 8’5€. ¡Ni que fueran de oro! Otras cosas no son tan exageradas pero aún así muchas son más caras que en España. Para comer me he hecho unos macarrones con atún. Al llenar el puchero con agua del grifo parece ser que ha arrastrado a unos bichitos detrás que están flotando en el agua. ¡¡Ummm, proteínas!!

134 dólares namibios

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