Pinchazo. Namibia en bicicleta

Día de descanso en Okahandja. Tengo que buscar un frontal, que el mío lo he perdido. Hay un centro comercial y allí me dirijo. Dejo la bici atada a una farola desde donde, más o menos, la tengo controlada. No encuentro frontales, aunque he podido comprar otras cosas que me hacían falta. Cuando voy a la bici me viene un tipo y me dice que es el guarda del parking y que tenía que haber dejado la bici en el aparcamiento para ellas. Está en la otra punta y no lo he visto. Casi no se ve si no lo sabes. Me suelta un royo en inglés que, por lo que entiendo, me quiere poner una multa de 110 dólares namibios ( 7€) pero que por esta vez que me lo pasa y no sé qué más me cuenta. Me pregunta el nombre y se lo escribe en la muñeca. Cuando saca una figura de madera y se pone a tallar el nombre en ella lo entiendo. Yo le compro la pelota y él no me multa. Le digo que pare y me voy. Si me intenta detener le diré que llame a la policía y entonces veremos si es cierto o no. Pero vamos que me voy sin problemas. Recorriendo el pueblo me encuentro con una tienda de chinos. Si, aquí también hay. Y por supuesto allí tienen. El frontal es muy grande por lo que mejor le compro una linterna y una batería por 12 dólares. Después me voy al súper Spar a acabar de comprar provisiones y me encuentro que venden frontales decentes, más caros (140 dólares). Así que me compro uno. La linterna la dejo en el Camping que es poca la pérdida.

Después del descanso toca ponerse otra vez en marcha. Me doy una ducha y me paso la máquina de afeitar. En tres años creo he solo la he cargado dos veces. Es una pasada lo que aguanta la batería. Me la traje completamente cargada y mira tú por donde al poco de empezar a afeitarme se para. No le queda batería. Increíble. No sé qué ha pasado. Menos mal que se carga a través de USB. Así que a medio afeitar me voy a cargarla y mientras recojo las cosas. Ayer vinieron dos hombres a preguntarme si me pasaba algo porque me he pasado casi todo el día a la bartola. Les digo que necesitaba descansar.

Rumbo a Swakopmud. Nombre impronunciable. Lo de las rectas del otro día no son nada comparado a estas. La primera tiene 25 kilómetros para empezar. Estoy de suerte. Tengo el viento a favor. Esto con el viento en contra tiene que ser la muerte. Aunque el terreno sube ligeramente, con el aire avanzo muy deprisa. El calor aprieta, yo creo que el día que más. Pero esta vez tengo agua congelada. Las dos garrafas grandes están hasta la mitad de hielo. Puedo beber agua fresca. El hielo me aguanta casi todo el día. Acabo bebiendo nueve litros de agua. Me queda bastante menos de la prevista para mañana

Me paro a la sombra de un árbol. Tenía dudas de si traerme una silla plegable porque no le acababa de ver la utilidad y encima más peso añadido. Ahora la encuentro imprescindible. Es lo que más uso. En cuanto paro saco la silla que se monta en un pedo. Me estoy más de una hora cogiendo fuerzas. Con gran pereza empujó la bici hasta el carril para seguir viaje. Oigo un ruido raro. ¿Qué será? No veo nada que cuelgue y que roce con las ruedas ni con nada. Que raro. Sigo empujando y paro. Algo le pasa. ¡Es un pinchazo! Ni cuenta me estaba dando. Vuelta al árbol. ¡Que no hay manera de sacar la cubierta! Los desmontables son de plástico y se doblan. No entiendo que haya que hacer tanta fuerza. Nunca había sacado una que fuera tan dura. Qué raro. Quito varios pinchos de la cubierta. Con la de espinos que tienen las plantas de por aquí, lo raro es no haber pinchado antes. Solo poniendo la cara es difícil encontrar el pinchazo pero lo acabo consiguiendo. Volver a meter la cubierta es otro dolor. Al cabo de pocos minutos vuelvo tener la rueda en el suelo. Otra vez a desmontar. Como ya os dije tengo la rueda hacia un lado del eje y me roza un poco en la horquilla. Aprovecho el pinchazo para recortar un poco los tacos para que no le peguen.

De momento, en Namibia, están todas la carreteras con vallas. Son todo fincas privadas. De la carretera a las vallas no hay ningún sitio para poder poner la tienda y que no te vean. Así que aprovecho un puente para meterme debajo. A lo mejor molestan un poco los coches pero bueno, hay poco tráfico. El sitio está muy bien. ¡Hasta tengo una repisa de cemento que me hace de mesa! He acampado debajo de unos nidos y al anochecer vienen un montón de pájaros. Hacen vuelos rasantes bastante cerca de mí para espantarme.

Por la mañana encuentro otra vez la rueda en el suelo. Esta vez quito dos pinchos. Habrá sido al bajarla al puente. No hay manera de encontrarlos por lo que le cambio la cámara. Y vuelta a las rectas. Y otra vez el viento a favor. Y mas fuerte que ayer.¡¡ Suerte!! El día transcurre sin novedades. Voy bastante rápido aunque un poco aburrido. Cuando llevo 40 kilómetros me paro en unas áreas de descanso que hay a lo largo de la carretera. Son muy básicas consistentes en un techo metálico con unos bancos y una mesa de hormigón pero por lo menos dan sombra. He podido comprar agua en una tienda, la única que he visto en 100 km. Con el agua ya muy caliente y la temperatura a tope decido estarme allí varias horas y esperar a las cuatro de la tarde a que baje el calor.

Los kilómetros pasan rápidamente y no hay ningún sitio bueno para acampar. Ni siquiera un puente. Me estoy acercando a un pueblo, Karibib, pero no quiero llegar porque si no tendré que pagar para dormir. Al final me meto un poco por un camino hasta la verja de un Rancho. Se me ve desde la carretera pero estoy un poco lejos.

Saco el dron para hacer unas fotos aéreas. El paisaje se ha ido haciendo un poco más árido y aquí ya quedan pocos árboles. Lo quiero captar con el dron y también hacer unas tomas de la vía del tren que tengo al lado. Lo despego, y no sé qué pasa que se va toda velocidad. Lo bajo al suelo y se da un buen tortazo. No sé si habrá sido por el aire aunque ahora parece no soplar mucho. Lo vuelvo a intentar y lo mismo. Esta vez le hago volver con el botón de retorno automático. No sé qué pasa. A la tercera va la vencida, o eso dicen. Pues esta vez no es el caso. Va bien un rato y de repente se aleja hacia la carretera a todo trapo. Le hago hacer un aterrizaje forzoso. Cuando voy hacia el me doy cuenta que solo sé aproximadamente donde ha caído y que no va a ser fácil encontrarlo. Pero esta vez tengo suerte. A la primera. Último intento desde las vías del tren. Esta vez si que sale todo bien.

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