Cape Cross. Namibia en bicicleta

26-09-2019

Hago acopio de comida en Henties bay para poder seguir hasta Cape Cross. Compro comida ya hecha en el súper y me la como sentado en la acera de enfrente. De postre me doy el capricho y me como una breva de nata. Después de comer me voy a la playa que está muy cerca. Total que tenía unas mesas con bancos para poder comer tranquilamente. Y lo más importante, y justo a tiempo: hay un baño. Me ha dado un apretón muy fuerte y repentino y el baño me viene caído del cielo. No sé qué hubiera hecho sino porque ya me iba patas abajo.

Mi salvación

Llegué al Atlántico. Han sido días duros en el desierto de pasar calor y sed. Bueno más que de sed, de beber agua tan caliente que casi se podía hacer té. Es una pequeña victoria. El mar esta salvaje con fuertes olas. Tiene pinta de ser una costa dura, brava. La playa cae varios metros en picado al mar desde donde estoy. Es un buen sitio para relajarse mientras se disfruta de las vistas del mar embravecido. Pero lo bueno se acaba pronto. Tengo que seguir la ruta.

La carretera es bastante monótona. Rectas y más rectas en una carretera básicamente plana Y además se va alejando del mar y pronto lo pierdo de vista. Simplemente me concentro en dar un pedalada detrás de otra mientras me pierdo en mis pensamientos. El aire se levanta en contra y me dificulta el avance. Cada cierto tiempo hay carteles indicando 4×4 y el nombre de la playa y salen unos caminos que llevan a la orilla del mar. Los usan sobre todo los pescadores, que aquí hay muchos. Los todoterrenos llevan las cañas puestas en unos tubos en la parte  delantera de los coches. La primera vez que los vi me parecieron antenas. A treinta kilómetros de cape Cross me meto por uno de ellos para acampar. Duermo al lado del mar en absoluta soledad. Aquí la temperatura ha bajado en picado. Casi echo de menos la temperatura del desierto.

Parece que estoy en la luna

La humedad es muy fuerte y me levanto con todo empapado. La etapa de hoy es tranquila y por fin llego a Cape Cross. Aquí hay un camping que es donde me alojo. Después de plantar la tienda y lavar, que ya me queda poca ropa limpia, me voy a ver Cape Cross. Este cabo fue descubierto en 1486 y se erigió una gran cruz para marcar el punto más meridional alcanzado por los europeos en África. Durante los siguientes 400 años naufragaron muchos barcos en estas costas de ahí el nombre de la costa de los esqueletos.  Ahora es famosa por albergar una de las mayores colonias de lobos marinos del mundo. Desde el camping me voy andando hasta la entrada del parque. Son dos kilómetros pero ya no me apetece pedalear. Prefiero estirar un poco las piernas.  La entrada cuesta 80 dólares namibios. La cosa es que no veo ningún lobo marino en la playa desde aquí.

  • ¿Dónde están las focas?- le pregunto a la chica que me cobra la entrada.
  • A tres kilómetros de aquí me responde

Pufff, si lo se me vengo con la bici. Pues nada, a andar toca. Al rato ya las veo a lo lejos como una gran mancha negra encima de las rocas. Por el camino veo dos animales que creo que son unos chacales. En cuanto hago el gesto de levantar la cámara, se van asustadas. De vez en cuando me llega el olor de las focas que es muy intenso. La andada ha merecido la pena. Montones de focas se encuentran tumbadas sin hacer otra cosa que tomar el sol. Me sorprende el ruido que hacen: más parecen ovejas que focas. Dan la impresión de que estén balando. Hay una pasarela que permite  andar entre ellas sin molestarlas.  Me hacen mucha gracia las que tosen. ¡Mucha grasa pero también se resfrían! Jejeje Son un espectáculo: los gestos, los ruidos, el olor, las peleas.

Me hubiera gustado quedarme un día a descansar, que me vendría muy bien,  pero se me olvido sacar dinero y solo me quedan 70 dólares y el camping vale 140 así que mañana me tocara recoger y partir. Pero al meter la mano en el bolsillo del forro polar… ¡¡me encuentro un billete de 100!! Yuhuruu, me puedo quedar un día más que de verdad que lo necesito. Así también se seca la ropa que en el desierto en veinte minutos estaba seca y aquí con la humedad creo que se moja más. Todo lo que se me podía oxidar de la bici se me ha oxidado. Y eso en solo dos días al lado del mar. Menos mal que me he traído aceite para estos casos.

Por la noche oigo un ruido del cubo de la basura como si algún animal lo hubiera tirado. Es un chacal pero esta tan arguellado que me da pena y lo dejo tranquilo.

No se si son así o es que están enfermos

Recordar que tenéis disponible mi libro de “un mochilero en la India” que narra mis peripecias allí por el año 2000 en un país totalmente diferente a cuanto conocía. Todo era sorprendente y todos los días ocurrían cosas que me dejaban con la boca abierta. Si os gustan mis entradas del blog os gustará mi libro. Lo podéis comprar en amazon pinchando abajo y así me ayudáis también en mi viaje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: