Regreso a Windhoek

28-09-2019

De la vuelta de Cape Cross a Henties bay poco hay que contar. Si ya de por si es una ruta muy monótona, plana y sin vegetación pues imaginaros hacerla por segunda vez en pocos días. Lo único reseñable es que cuando estoy comiendo en Henties bay a las tres de la tarde, se levanta un aire muy fuerte a favor. Tengo que aprovecharlo y decido tirar millas hacia Swakopmund hasta las seis de la tarde. Hoy me salen 90 kilómetros. Poco a poco ya voy cogiendo la forma.
Con este aire no sé cómo voy a plantar la tienda sin que me salga volando. Busco el cobijo de un montículo de arena, que aunque no es muy alto algo me tapa. Con mucho cuidado y siempre echando peso encima a las partes de la tienda, consigo montarla. Al meter las varillas por los agujeros del suelo de la tienda oigo: ¡crasss! Varilla rota. Se ha rajado por un extremo de los tubos que conectan la parte central. Cinta americana y a correr. A ver si aguanta. Estoy harto de tiendas de 300 euros que se me rompen enseguida. Me pasó lo mismo en el otro viaje largo en bici que hice.

El resto del camino a Swakopmund es aún más monótono que el otro. Un barco encallado me rompe la monotonía. Es la foto típica que sale cuando se nombra a la costa de los esqueletos. Yo pensaba que estaba más arriba de Cape Cross pero he tenido suerte. Me planteo dormir en esa playa pero paran muchos turistas. Paran unos sudafricanos y me hacen una entrevista grabando con el móvil. Imagino que sería para algún canal de youtube.
Casi llegando a Swakopmund me encuentro un camaleón en un lado de la carretera. Me da la impresión de que está muerto pero un examen más exhaustivo y el tocarle un poco las pelotas me revelan que esta vivito y coleando. Es una pasada como coge el color del paisaje. Mi albergue está casi al otro lado de la ciudad y desde allí se puede ver cómo cambia totalmente el paisaje. La arena plana se ha convertido en dunas de arena rojiza. ¡Ya podía haber sido antes!

Me cuesta encontrar el albergue porque en la fachada pone club casino. Y lo de guesthouse backpaper me lo tapaba un camión. Como me caduca pronto el visado no me queda otra que volver en algún vehículo. Le comento a la recepcionista lo del taxi compartido y en un momento me lo resuelve. Le insisto en lo de la bici pero me dice que no me preocupe que lleva un carro. A las ocho me pasa a recoger. Pues no. A las siete y veinte me llama la recepcionista que ya está el taxi aqui . Lo meto todo de cualquier manera y bajo corriendo y sin desayunar. El taxi es un mini bus y va pasando a buscar a la gente puerta por puerta. La bicicleta entra en el carro de pie. No tengo que desmontar nada. ¡Aleluya! Por el camino voy pensando: “algo me dejo”. ¡Bingo! Un botellín de agua de la bici.

Recordar que tenéis disponible mi libro de “un mochilero en la India” que narra mis peripecias allí por el año 2000 en un país totalmente diferente a cuanto conocía. Todo era sorprendente y todos los días ocurrían cosas que me dejaban con la boca abierta. Si os gustan mis entradas del blog os gustará mi libro. Lo podéis comprar en amazon pinchando abajo y así me ayudáis también en mi viaje

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