¡Que me atropellan! Namibia en bicicleta

Cruzando África en bici

octubre 2019

En Gobabis aprovecho para cambiar euros a Pulas. Llevo bastantes euros y me quiero quitar parte  de encima. Y menos mal que cambio aquí porque luego no hay ningún cajero hasta Ghanzi que está a 200 kilómetros de la frontera. En los bancos no hay manera. Me mandan a una casa de cambio. Total que el tío que me atiende me dice que me tiene que cambiar los euros a dólares namibios y de estos a pulas. Total que al final un montón de comisiones y me ha salido pero que si lo sacara de un cajero. Tenía que hacerlo por lo que he contado pero si lo sé cambio menos.
Por la noche se ha levantado una tormenta de arena en cero coma. Increíble. No veo nada y tengo que cerrar las alforjas y la tienda. Aun así se me llena todo de tierra, el saco de dormir, el ordenador está en perdición, la tienda por dentro etc… Menos mal que ha durado muy poco.

Por la mañana recojo todo y a lo que pongo las cosas en la bici me doy cuenta que tengo pinchada la rueda trasera. Ha arreglar el pinchazo. Menos mal que acabo de poner la cubierta nueva (ironía). La cubierta, tanto la nueva como la vieja van demasiado justas. Con los desmontables de plástico no la puedo desmontar porque se doblan. Tengo que usar la navaja (una parte que no corta) para poder sacarla y meterla luego. Da la impresión de que le estoy metiendo una cubierta de 26 a una de 27 pero para mí que es igual que la rueda delantera y, en esta, la cubierta se mete perfectamente con la mano. Y además en las dos ruedas pone el mismo fabricante y el número 26, que no sé si se referirá al diámetro de la rueda o no pero sería de pensar que sí. No lo entiendo. El caso es que la cambio y cuando ya tengo todo puesto por segunda vez, pasa el guarda y me dice que tengo la rueda en el suelo. ¡No me lo puedo creer! Otra vez a quitar todo. Esta vez tengo dos pinchazos pero ha debido ser porque he pellizcado la cámara al meterla. Por fin todo listo para partir. Total que había madrugado para evitar el calor y al final salgo súper tarde.

Dos años de sequía, en el apogeo del estiaje, en pleno corazón del desierto del Kalahari y se me pone a llover. La verdad es que lo agradezco un montón. En poco más de cinco minutos la temperatura ha bajado casi 20 grados de golpe. Qué maravilla. Casi tengo frío. Sigo pedaleando, disfrutando del agua. Al final no ha durado demasiado y no tardo en secarme cuando me vuelve a dar el sol. Me paro en un área de descanso y se vuelve a tapar el sol y al poco empieza a llover más fuerte que antes y acompañado de relámpagos. A lo lejos sale una espesa humareda. Posiblemente algún rayo haya caído en un árbol. Se veían bastantes árboles quemados por impacto de rayo a lo largo de la carretera. No tengo donde refugiarme en más de 40 kilómetros a la redonda así que me pongo el forro polar por la cabeza y a esperar que pase. Está lloviendo con ganas y además buen rato. Me quedo helado. Una vez que para se queda una temperatura perfecta. Por lo menos a la hora de acampar no me llueve aunque por la noche chispea un poco. He tenido otros dos pinchazos. Cinco en el día de hoy. A este paso no me van a llegar los parches.

Voy tan feliz por mi carril… ¡cuando me embiste un coche por detrás! Estaba al otro lado de la carretera y de repente arranca y me da. La bici va al suelo. Yo he saltado y no me he llegado a caer. Me le quedo mirando y no dice nada ni hace ningún gesto. Por un momento me parece que lo ha hecho a idea y me voy hasta su ventanilla y le digo de todo aunque lo único que me entiende es el gesto de si está loco. En ese momento lo veo nervioso y me doy cuenta que posiblemente estaba mirando si venia algún coche, para cruzar al camino que tengo detrás de mí y no me ha visto. Así que no le digo nada más, cojo la bici y me voy. Cuando pasa a mi lado me dice “sorry”. Justo viene un coche de la policía y se paran a hablar con él. Me los quedo mirando pero paso de líos y me voy.

También pasan cosas buenas. Hay una autocaravana parada en la cuneta y cuando paso a su lado me hace gestos de que pare. Me ha dejado en el suelo una botella de agua fresca, un biblia y una cruz. En la botella de agua, que me sienta fenomenal, pone “Jesús te ama”. Lleva toda la autocaravana llena de pegatinas de ese estilo. Detrás lleva un coche arrastras con una cruz enorme en el techo. Muy peculiar. Me ha venido de perlas el agua.
Ya en la frontera me paro a pasar la noche en un camping antes de cruzarla. Me gasto el dinero que me queda en darme el lujo de ir al restaurante, que estoy un poco cansado de judías y noodels.

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