¡Este equipo es una ruina! Botswana en bicicleta

Cruzando África en bicicleta

octubre 2019

Pasar las fronteras siempre me pone bastante nervioso. Al final me ha sobrado solo un día. Entro a la oficina donde gestionan las salidas de Namibia
– Tiene que rellenar el formulario- me dice la policía que está en el mostrador.
-¿Me puedes dejar un boli?- le pregunto
-Son diez dólares
No me lo puedo creer. Como pueden ser tan ruines de no dejarte un miserable bolígrafo. Si además no llevo ya dinero de Namibia. Menos mal que tengo uno. Eso sí, tengo que desmontar medio equipaje para sacarlo. Me pone el sello y para Botswana. En la  oficina de Botswana me da el formulario el del mostrador. Me hace un montón de preguntas y acaba poniéndome nervioso. Me pregunta que cuanto voy a estar en el país. Esta vez no me va a pasar como en Namibia. Dos meses le digo. Justo. Dos meses me pone en el pasaporte. Menos mal que he estado ojo avizor con eso. Pensaba que solo daban un mes y que iba a tener que correr para salir del país. Así mejor, puedo ir mucho más tranquilo. ¡Ya estoy en Botswana!

De momento pasa como en Namibia. Está todo vallado. No consigo encontrar ningún hueco para dormir y al final tengo que acampar al lado de la carretera general, a la vista de todo los que pasan. No me hace ninguna gracia. No sé si está permitida la acampada. Espero que no pase la policía y me diga nada. Apuro hasta los últimos rayos de luz para montar la tienda así por lo menos no me ven acampado.
¡Desastre! El eje del pedalier tiene un juego tremendo y que yo sepa, hasta dentro de 500 kilómetros no hay ninguna tienda que me lo puedan arreglar.

Me he levantado a las seis para desmontar pronto la tienda y que no se me vea demasiado. Al final me he debido dejar los guantes allí porque no me he dado cuenta que no los llevaba y luego ya no los he encontrado.
Adivinar a quien me he encontrado a las nueve de la mañana. ¡Al de la autocaravana de Jesús! Es sudafricano y lleva tres meses recorriendo varios países, imagino que difundiendo a Jesús. Esta vez me da tres botellas de agua… ¡congeladas! Y paquetes de galletas y cacahuetes. A las horas me paro a descansar a la sombra de un árbol y al rato aparece otra vez. Me dice que me ha estado esperando en el siguiente pueblo y como no llegaba ha venido a buscarme. Me regala un termo de litro y medio lleno de hielo y agua con azúcar. Ya voy a poder tener agua bebible a media tarde. También me regala varios litros de agua, un zumo, un tetrabrik de natillas, plátanos, zanahorias y que si necesito más que se lo diga. Me ofrece carne, pollo, lo que quiera. No quiero abusar y le digo que con eso tengo bastante. ¡Así da gusto! Muchas gracias.

El eje del pedalier cada vez tiene más juego y cada vez me preocupa más, aunque no hay nada que pueda hacer. Además hace tiempo tuve un problema también en el eje y tuvieron que soldar una barra a la llave y tirar entre dos personas para sacarlo. No sé cómo arreglarían luego la rosca pero al fijarme veo que no tiene la sujeción habitual. Ya veremos si me lo pueden reparar o me tengo que comprar otra bicicleta. Todo esto mientras me tomo otro descanso. Normalmente paro a las doce y media hasta las cuatro de la tarde porque la temperatura es tan alta que es imposible pedalear sin morir en el intento. Hay días que he alcanzado los 43 grados. A las once puedo tener muy tranquilamente casi 40 grados. En estas condiciones es parar o morir. En una de estos descansos ha parado un 4×4 y me han preguntado si quiero agua fresca. ¡Qué pregunta! ¡Pues claro! Me la bebo de trago. Son una pareja de Inglaterra. Él ha estado tres años viviendo en Kenia por lo que le pregunto qué tal allí para ir en bici. Me contesta que los conductores horribles. Qué bien hoy. Cuando más lo he necesitado me han dado agua fresca. El camino provee.  Y si no siempre puedo comer moscas… ¡tres he cogido hoy con la boca! ¡Qué asco!

En el Pueblo de Tsootsha hago una parada para aprovisionarme de agua y comida. En la gasolinera encuentro una pequeña tienda. No hay mucha variedad pero bueno, por lo menos agua tienen. El calor y las carreteras totalmente llanas me tienen agotado. Aprovecho una especie de cortafuegos para meterme a acampar un poco escondido. Al deshacer las alforjas Me encuentro que a una se le han despegado las costuras. No tienen ni un mes y ya se han roto. ¡Desastre! Qué bien. Ahora cuando llueva se meterá agua.
Entre la varilla de la tienda de 300 euros partida, la alforja de 100 euros rota, y el eje del peladier…¡¡Este equipo es una ruina!!


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