Jugando con la arena. Botswana en bicicleta.

Cruzando África en bicicleta

Octubre 2019

Todo sigue igual. Carreteras total y absolutamente planas, esto no lo he visto yo en ninguna parte, el mismo paisaje y el mismo calor. Es muy aburrido pedalear aquí. Después de algún que otro pinchazo, para no variar, llego a la entrada de la pista del sitio que voy a acampar. Al principio está bien pero luego se  pone arenosa y más tarde muy arenosa. La bici se clava totalmente en la arena y tengo que empujar la mayor parte del tiempo. En total son 4,8 kilómetros de pista de la cual, por lo menos tres, son de arena. Un infierno. Gira la pista 90 grados e iluso de mi pienso: igual ahora mejora. ¡Pues no! Se pone todavía peor. Hasta aquí aún he podido ir algún rato montado pero ya es imposible. Una recta de un kilómetro toda de arena. Tengo que hacer frecuentes paradas a descansar y se me cargan los gemelos. De hecho al día siguiente tendré agujetas. La cosa era pasar dos días aquí descansando pero casi no me queda comida, Ghanzi está 16 kilómetros de aquí y no pienso hacer esa pista dos veces más. Hay otro campamento más cerca de Ghanzi y probare a ver que tal. Paso aquí la noche y me termino el último paquete de noodels que me queda. Me quedo con bastante hambre.

A la mañana siguiente toca hacer la pista de vuelta. Lo que hago es primero ir andando un trozo con la mochila y una de las alforjas y luego volver a por la bici. Y así, con paciencia, salgo del arenal. ¡Sorpresa! El otro camping también tiene pista de arena. Más corta, solo tres kilómetros en total pero suficientes para hundirme. Al poco de empezar la pista se para una pickup y se ofrece a llevarme. ¡Menos mal!
En la recepción pido un pequeño paquete de patatas que tienen en el mostrador, que no he comido nada desde los noodels de ayer. Tengo que ir a comprar que no me queda absolutamente nada de comida y ello supone hacerme la pista de arena dos veces aunque con la bici sin peso. El primer kilómetro va bien porque es de piedras. Incómodas pero por lo menos las ruedas no se clavan. Después viene la arena. Con las fuerzas mermadas por no comer tengo que ir empujando la bici casi los dos kilómetros que faltan para llegar a la carretera. Una vez en el asfalto y sin peso, voy ligero como una pluma. Ghanzi está a tan solo 4 km de aquí. Cerca de la entrada de la ciudad veo que los coches se paran y un monto de pitidos y gritos. Tiene pinta de ser una manifestación. ¡Lo que me faltaba que no me dejen pasar! Cuando me acerco veo que no es una manifestación sino algo así como una campaña electoral. Por los carteles que veo son las elecciones generales el 23 de octubre. Van una caravana de coches, escoltados por la policía, con carteles de un candidato. La gente está sentada en las ventanillas, con el cuerpo por fuera o subidas a la parte de atrás de las pickups gritando y pitando. Una fiesta.

Lo primero comer en el primer sitio que veo, luego de compras. Me doy algún pequeño capricho como una tableta de chocolate. Salgo con mucha comida, yo creo que para cinco o seis días, que como siempre pesa lo suyo.
Ahora toca otra vez la pista de arena. Esta vez es más duro. El sol aprieta inclemente sobre mi cabeza. El termómetro ronda los 43 grados. Empujo la bici teniendo que parar cada poco. Cada vez estoy más cansado y me cuesta más avanzar. Por momentos me encuentro bastante mal hasta con ganas de vomitar. Pienso que me está dando un golpe de calor por lo que busco un poco la sombra. Aun así el calor es horroroso. Menos mal que he comprado una botella de agua fresca que aunque ya está empezando a estar caliente aún se puede beber. Poco a poco voy avanzando hasta aquel por fin llego al trozo de piedra. Ahora ya es más fácil y consigo llegar al camping casi en las últimas. Voy corriendo al bar a pedir una fanta bien fría.

En el camping hay piscina y decido aprovecharla. Aunque no se porque, con la calor que hace, el agua está helada. ¡Se está genial! Al lado del restaurante hay una charca donde van a beber los animales. Por fin veo unos Onix y unas cebras. He decido que mañana me quedo aquí todo el día descansando sin hacer absolutamente nada, que estoy muerto. He arreglado los pinchazos de las dos ruedas. Eran tan pequeños que estos dos días he tirado con ellos parando de vez en cuando a hinchar las ruedas. Cada vez que arreglo un pinchazo, saco una buena cantidad de espina clavadas en las ruedas que no han llegado a penetrar del todo. Pues aún si al día siguiente tengo una rueda floja. ¡Otra vez a desmontarla! Estoy harto de arreglar pinchazos. Raro es el día que no tengo uno o dos. He empezado a cortar los parches por la mitad porque si no no voy a tener suficientes.

Bueno, hay que salir de aquí. Madrugo bastante para hacer la pista antes de que haga excesiva calor. Miro a ver si está el coche que me entró para pedirle que me saque pero no tengo suerte. Esto va a ser un infierno. Llevo más peso que nunca por la comida y el agua, creo que unos 50 kilos. Aunque he madrugado el termómetro está en mi contra. 36 grados a la siete de la mañana. Normalmente estoy sobre los veinticinco. Aun así salgo mucho mejor de lo que me esperaba. Consigo ir bastantes trozos montado aunque sea a base de equilibrismos. Cuando fui a comprar comida tuve viento de sur. Pues hoy no. Viento fuerte de norte. Totalmente en contra. No me lo puedo creer. Avanzo como puedo. El cuentakilómetros no pasa de diez por hora. Como estoy descansado, la dos primeras horas voy más o menos bien pero la temperatura cada vez es mayor. Llega a los 45,9 grados. Es el día que más calor me ha hecho. Hay un pueblo a 40 kilómetros en el que espero poder comprar agua fresca. La que llevo yo es imposible de beber, ni siquiera la del termo. Cada vez tengo más sed. Voy dando pequeños sorbos pero está tan caliente que me cuesta trabajo tragarla. Todavía me quedan 15 kilómetros para llegar y no puedo con el pelo. Me voy alternando en empujar la bici e ir montado. La pierna derecha hace un amago de encalambrarse debido a la deshidratación. Llevo la boca muy seca. Doy un pequeño sorbo al bidón de agua para hidratarla pero a los pocos segundos vuelve a estar igual. Por muchos sorbos que doy, inmediatamente se seca. Ahora empujo la bici, ahora me monto unos metros. El sol pega con mucha fuerza. El aire hace que la sensación de calor no sea muy intensa pero mi boca seca lo contradice. Cada nada voy mirando el móvil a ver cuanto me queda. Parece que no avanzo nada pero poco a poco va bajando la distancia que me separa del agua fresca, eso suponiendo que en el poblado haya una tienda claro. A un kilómetro de llegar pincho la rueda de atrás. La hincho con la bomba y a ver si llego. El pueblo no está asfaltado por lo que me tengo que bajar de la bici para no fastidiar la rueda que está muy floja y por cada piedra que pillo se me encoge el corazón. Preguntando me mandan por un camino que parece que no haya nada. Por que me lo han dicho varios sino pensaría que me están tomando el pelo. Y es que está a un kilómetro de la entrada del pueblo. Casi nada. ¡Por fin agua fresca! Me bebo un litro de agua de trago y un litro de Coca-Cola más despacio. Le compro toda el agua que tiene para reponer la que he gastado y como no me parece suficiente también cojo un litro de zumo.

Voy a probar a pedalear de noche. Esto es inhumano y hay que probar otras cosas o yo muero. Salgo del pueblo y me paro en una sombra a que se hagan las siete y mientras reparó el pinchazo. Pierde por un parche anterior mal pegado. Hay un rebullo de parches importante por lo que decido ponerle la cámara nueva y ya no me quedan de repuesto.
Qué maravilla esto de pedalear de noche. Una gran luna llena amarillenta empieza a asomarse en el horizonte. Esta preciosa. Estoy disfrutando el pedaleo por primera vez en muchos días. Todo son ventajas. La temperatura es de 20 grados. Puedo pedalear por el centro de la carretera y así las probabilidades de que pise un pincho son mucho menores. No me da el sol, que ya se me está empezando a pelar todo el cuerpo. Descansan los ojos, que a pesar de llevar gafas hoy me han dolido de tanto sol. No veo las rectas por lo que no se me hacen largas. Y lo más importante, el aire se ha parado. Suele hacer mucho menos aire por las noches. Con la luna llena no tengo necesidad de llevar el frontal encendido, se ve de sobras. Solo lo enchufo si viene algún coche. Cuando miro a las sombras no puedo evitar preguntarme si habrá algún depredador al acecho ya que ellos cazan más de noche. Algún burro me da algún pequeño susto pues no los veo hasta que no los tengo encima.
A pesar del agotamiento de por la mañana, ha sido el segundo día que más kilómetros he hecho. A partir de hoy pedaleare por las noches. Por lo menos hasta Maun, luego no creo que pueda porque por allí hay leones. Por aquí creo que no. Creo.

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