Delta del Okavango

Cruzando África en bicicleta

Octubre 2019

Me voy a comprar bici nueva. La tienda, según map.me está a unos once kilómetros del camping. Voy montado en la bici. Espero que aguante el cuadro partido sino me pegaré el morrazo padre. Por si acaso no voy muy rápido. Llego a donde se supone que está la tienda y… sorpresa, no aparece. Les pregunto a unas chicas por allí y una me manda al lado de un museo que está a 2 km de aquí. Al pasar antes por allí me ha parecido ver varias bicis. Imagino que será allí. Pues no. Hay varias bicis pero es una cafetería. Pregunto a un hombre y me manda a la plaza donde están los comercios. Tampoco. No tengo internet por lo que no puedo consultar donde está- No lo he mirado en el camping porque en el mapa salía muy claro. Intento comprar una tarjeta para el teléfono pero no hay manera. No sé si será por mi inglés que no me hago entender pero ya es la tercera vez que no hay manera. Vuelvo a preguntar y me mandan a lado del museo otra vez pero en una calle paralela. Igual es que a la primera no le he entendido del todo bien pero si dos personas me mandan al mismo sitio es que será por allí. Pues no, nada de nada. Hay un grupo de trabajadores en un descanso y vuelvo a probar a preguntar. Esta vez me dice uno que la tienda la han cerrado y la han trasladado a otra ciudad. Eso ya me cuadra más. Ahora sí que tengo un problema grave. La única solución que me queda es soldarla pero ¿Dónde? El cuadro está más abierto que antes por lo que me pongo a empujar la bici hacia el camping en vez de ir montado. Al poco oigo una radial. Asomo el morro y veo a un hombre que tiene al lado un equipo de soldar.
– ¿Me puedes ayudar? Necesito que me sueldes el cuadro.
– Sí, claro- me contesta.
¡Qué suerte he tenido! Me la suelda y me cobra 100 pulas (9 euros). Lo que hubiera querido me podía haber cobrado. Sigo teniendo problemas porque yo contaba con la tienda para arreglar el eje y comprar repuestos. La siguiente tienda la tengo en Livingstone a 670 kilómetros de aquí. Llevo las dos cubiertas muy desgastadas y solo tengo una de repuesto. Casi no me quedan parches y no tengo más que una cámara llena de parches de repuesto y el eje cada vez tiene más juego. Vamos, que ya puedo rezar. Tiraré así y hasta donde llegue y si no pues autoestop.

Me tomo un buen descanso en Maun. De momento dos días sin hacer nada. Luego me voy a una excursión de dos días al delta del Okavango, otro sitio mítico. Dos días y una noche me cuesta 1000 pulas (85 euros). Vamos varios grupos de gente entre ellos seis españoles a parte de mí. Nos llevan en unas pickup típicas de los safaris africanos, con la parte de atrás abierta que es donde van los asientos de los turistas. El viento que nos da en la cara hace que casi no podamos abrir los ojos. No meten por un camino y después de pasar un puente de dudoso aguante y una aldea, llegamos a donde están las barcas. La parte a la que vamos es la zona de Mokoro. Enseguida se me acerca el que va a ser mi guía. Se llama Philip o algo así. Enseguida me subo a la barca y me lleva por unos canales de agua a través del delta hasta donde vamos a establecer nuestro campamento. Yo pensaba que estaríamos con más gente pero cada uno va a una parte diferente. Montamos las tiendas y me dice que hasta las cuatro y media de la tarde no vamos a  hacer nada. Son las diez. Pues vaya aburrimiento. No deja de repetirme que hace mucho calor. Afortunadamente se acercan animales a la orilla de enfrente. Varios elefantes con dos crías son los primeros en aparecer. Luego unos babuinos y más elefantes.

Estando sentados tranquilamente se empieza a oír ruido de ramas quebrarse. Tenemos que alejarnos de las tiendas porque viene un elefante por detrás. Se acerca hasta llegar al lado de mi tienda. Nosotros estamos medio escondido detrás de los árboles. Antes de las cuatro y media me propone dar una pequeña vuelta por detrás del campamento. Allí vemos jirafas, impalas y algún otro que no recuerdo el nombre. La vuelta es pequeña y luego al campamento a esperar que sean las cuatro y media. Que hace mucho calor, me repite. Cogemos la barca y nos vamos a otro lado a andar. Esta vez veo una manada enorme de búfalos. En cuanto nos ven se echan a correr. Unos bichos tan grandes y lo asustadizos que son. También vemos alguna manada de impalas, elefantes y alguna cebra. Cuando el sol se está poniendo volvemos al campamento mientras disfruto de un precioso atardecer con el sol reflejado en el agua de los canales.

Por la noche hace una buena hoguera para que no se acerquen los animales. Había leído en internet que lo normal es compartir la comida con los guías así que me he traído de más. Pero vamos, que porque lo he leído que a mí nadie me había dicho nada. Mi guía solo lleva un paquete de pan. Nada más. ¡Pues si no traigo yo de más se me muere de hambre! Yo duermo muy bien. A veces le oigo que se levanta a echar leña a la hoguera. Nos levantamos a las cinco y media para ir a andar. Al principio de la andada vemos bastantes animales. Luego ya escasean. Me lleva a ver su aldea. Viven 600 habitantes y el colegio tiene 100 niños. Cuando le digo que mi pueblo tiene los mismos habitantes se queda bastante sorprendido. Allí me presenta a su familia. Antes hemos visto tres vacas. Pues bien, ese es el tema de conversación que lleva con todos los que nos cruzamos. Algunos se sorprenden, otros se ríen. Para mí lo extraordinario son los demás bichos, a ellos les sorprenden las vacas, no porque no hayan visto sino porque no es normal que estén tan adentro del parque.

A la vuelta pasamos por una charca donde hay hipopótamos y también vemos huellas de un león. Son de la pasada noche. A las diez estamos en el campamento.
-Esperaremos aquí hasta las dos, recogeremos y nos iremos. Mucho calor- Me dice pausadamente.
Otra vez a esperar. Por un lado ha estado bien porque he visto bastantes animales y además vas andando, sin ningún vehículo que te proteja pero por otro lado esto de estar tanto en el campamento se me ha hecho eterno. De hecho el grupo de españoles iban a estar un día más y al final se han vuelto antes por lo mismo. Volviendo con la barca hay un elefante en mitad de río. Lo que hacen para espantarlo es pegar fuego a las hierbas. ¡Que poco miedo le tienen a los incendios!

Al día siguiente, ya en el camping, voy a comprar la comida para los siguientes días y apaño un poco la bici. Le pongo la cubierta que tengo de repuesto en la rueda delantera y la que quite la guardare para cuando se me desgaste la de atrás. Aunque entre las dos no sé si me dará de sí para hacer los 670 km que me faltan hasta la próxima tienda. Ya sé que lo lógico sería hacer esto con la trasera que se desgasta más rápido pero la de repuesto tiene una anchura de 2,15 y si la de 1,95 me pega en la horquilla, la otra ni te cuento. 
Anoche un cocodrilo pillo lo que parece una cabra. Es un espectáculo como agita la boca para destrozarla y poder comérsela. Daba miedo.

5 comentarios el “Delta del Okavango

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