Los elefantes tienen prioridad. Botswana en bicicleta.

Cruzando África en bici

octubre 2019

Después de un largo y merecido descanso vuelvo a retomar la ruta. El día amanece nublado, han caído cuatro gotas esta noche, lo cual hace que sea un día muy agradable para pedalear. Me levanto  a las cinco de la mañana para aprovechar el fresco. Al poco de salir veo un pincho en la rueda delantera. Tal y como lo quito se oye: pisssss. Pinchazo al canto. Me pongo a revisar las ruedas y saco siete u ocho pinchos en la rueda delantera y más de una docena en la trasera. Tres de ellos han atravesado la rueda y llegado a la cámara. La delantera la tengo llena de parches y ahora le tengo que poner dos más. Ayer tuve que poner otro porque hay parches superpuestos y fugaba aire por allí. Los parches los corto en cuatro partes porque solo me quedaban diez esta mañana. Ahora menos. Lo malo que se quedan trozos muy pequeños y no cubren bien la cubierta. Pero es esto o quedarme sin parches en dos días. Cuando estoy arreglando los pinchazos me dice uno que pasa que vaya a una tienda que me lo arreglan. Me dice que hay una tienda de bicis. El otro día ya me volvieron loco y no me apetece que me vuelva a pasar.
-¿Estás seguro que hay una tienda de bici?
– Si, si, seguro- me contesta- que es de un indio.
Le he sacado un mapa en el móvil y no está lejos de aquí. Casi no me quedan parches y las cubiertas están en las últimas por lo que decido acercarme que tampoco pierdo nada. No es una tienda de bicis, es como un chino pero de un indio. Tiene montones de rodamientos diferentes, ejes de varias medidas, un montón de piezas de bici pero no tiene cubiertas. Por lo menos consigo tres cámaras y unos parches. Los parches son enormes. Los tendré que cortar para ponerlos. Las cámaras son de boca estrecha. Menos mal que mi bomba vale también para esas boquillas. Aprovecho y compro aguja, hilo y pegamento para intentar arreglar las alforjas, que la otra también está empezando a despegarse.

La cesta que llevo en el manillar se me baja. Hoy ya no aguanta el peso. Los tornillos tienen la cabeza de allen pasada y no los puedo apretar. Tengo que sujetarla con una correa al portaherramientas y aun así se me baja.  Total que yendo con la bici me encuentro un tornillo en el suelo. Retrocedo para cogerlo y ¡Bingo! Me vale para la cesta e incluso es mucho mejor que los que llevo. Lo aprieto bien y la cesta se queda sujeta mejor que nunca. El camino provee.
Paso por delante de una tienda de muebles y veo una bici en el escaparate. Es ideal. Barata, solo 150 euros, simple, con frenos de zapatas y sin amortiguación. Y con los anclajes para el portaequipajes. Pero no es de mi talla. Es muy pequeña y no tienen ni más modelos ni más tallas. Solo esa. Lo dejo correr.
Total que he madrugado para nada. A lo que salgo de Maun son las nueve y media. Al poco otro pinchazo. Y van cuatro. Estoy que me enciendo. Esta vez solo saco cuatro pinchos de la rueda. Por lo menos ahora tengo parches. El cielo esta nublado y puedo aprovechar que hace buena temperatura hasta que a la una se despeja y el calor empieza a apretar. Con la parada en mente vuelvo a pinchar. Quinto pinchazo de hoy. Ya aprovecho para buscar una sombra y hacer la parada larga hasta las cuatro. Se me acercan dos críos que viven cerca y me hacen compañía. Les doy unas galletas y me “ayudan” a arreglar el pinchazo. En ello estoy cuando paran dos todoterrenos. Son unos estadounidenses con los que estuve hablando ayer en el camping. Me dan agua, que aunque no estaba muy fresca se podía beber, no como la mía, y una tónica, esta sí que fría.
La rueda de atrás otra vez está pinchada. Y van seis. La hincho a ver si aguata que estoy harto de arreglar pinchazos. A los veinte minutos o así tengo que volver a parar para inflarla. En esto que se para un coche a preguntar si todo ok. Le pregunto si hay una tienda de bicis en Nata y me dice que no, que en Kasane que está cerca de la frontera con Zambia. Llama por teléfono a alguien de allí para preguntar si tienen bicis o algo así me parece entender. Luego me da un teléfono para que llame cuando llegue, que me ayudaran a encontrar bici.
Después de varias paradas para hinchar la rueda paro a dormir. Había muchos trozos con vallas y a lo que he encontrado un sitio era ya un poco tarde. Ahora sí que estoy ya en zona de animales salvajes. Aquí donde he montado la tienda hay mierdas de elefantes. ¡Espero que no vengan esta noche! Rápidamente monto la tienda, me hago unos guisantes para cenar y a la cama.

La carretera sigue muy monótona. Solo algún animal que aparece de vez en cuando la rompe. Al principio algún pumba y alguna avestruz. Poco después veo una cebra escondida detrás de unos arbustos. Hay gente que se para para avisarme de que hay animales salvajes por esta carretera, leones, elefantes etc. Que si no tengo miedo. ¡Pues a ver si aparecen y rompen un poco el aburrimiento que llevo! Al final del día me sorprenden un par de jirafas a un lado de la carretera. Ha sido un día francamente aburrido. Acampo en una explanada detrás de unos arbustos que me marca la aplicación ioverlander, que para el que no la conozca, va muy bien para saber de sitios para dormir.

¡Un paso de cebra!

Hoy más de lo mismo. Calor, aire en contra, carretera totalmente plana y paisaje igual. No lo pinto muy bien pero es que estoy un poco harto de siempre lo mismo. Física y psíquicamente agotado. El calor es muy intenso y me está matando. En el día de hoy tengo alguna sorpresa agradable. Varias jirafas corren a mi lado, alguna cruza la carretera delante de mí. Son muy graciosas corriendo. Parece que lo hagan a cámara lenta. Y la sorpresa del día: un elefante al lado de la carretera. Me paro a ver si se va. La verdad es que imponen bastante. Al poco cruza la carretera y se aleja un poco. Me pongo a pasar y… ¡frenazo que hay otro! Retrocedo un poco y sigo esperando. A no mucho tardar cruza también mientras mira en mi dirección, pero se queda bastante cerca de la carretera. ¡Los elefantes tienen prioridad! Después de un rato, como veo que no se menea, decido arriesgarme a cruzar. Acojona un poco pasar tan cerca pero vamos, que ni se inmuta.
Hoy he tenido el aire en contra y el paisaje no da para esconderse a dormir así que al pasar por la puerta de un parque nacional pregunto si puedo acampar allí al lado. Solo llevo 35 km y sé que mañana me tocara paliza para llegar a Gweta pero estoy muy cansado. Me mandan dentro de un cercado donde hay unos coches aparcados. ¡Tengo hasta un grifo para coger agua! Y menos mal porque no tenía suficiente para mañana.

A las cinco en pie. Tengo 65 kilómetros hasta el próximo destino, y aunque no os parezca mucho, con este calor son un infierno. Y hoy tiene pinta de que va a hacer muchísimo. La primera hora y media genial. Una temperatura agradable para pedalear, una especie de antílope súper pequeño, que no sé lo que son, aparecen por doquier, el aire en calma, todo perfecto. A las ocho de la mañana ya estamos a 40 grados. Llevo dos días con los cielos nublados por las mañanas y eso se nota mucho en la temperatura. Hoy no hay ni una nube. El calor es infernal pero hoy no voy a parar a descansar hasta que llegue al pueblo. A las diez de la mañana, 46 grados. Me hacen gracia las previsiones cuando dicen que las máximas previstas son de 36. Aquí los iba a traer yo con la bici y ya verías como no se volvían a quedar cortos. Hace horas que llevo el agua que no se puede beber. Aun así hago el esfuerzo porque me estoy deshidratando. Cuando abro el tape de la garrafa sale fuego de allí. A veces soy incapaz de tragar y solo me remojo la boca y la escupo. El no poder beber me deja sin fuerzas rápidamente.
Paran dos pickup delante de mí. ¡Alegría! son los estadounidenses. Justo en el momento que más los necesito. Me dan agua, que aunque no está fría, se puede beber y dos tónicas, que aunque no me gustan, me obligo a beber. Con esto he cogido fuerzas para hacer los quince kilómetros que me faltan. Ja, ja que iluso. La temperatura sigue subiendo y se pone el termómetro a 50 grados y porque ya no da más de si la escala que yo creo que aun hubiera subido algo más. Estos últimos km me están poniendo a prueba. ¡Que calor!
Por fin llego y en cuanto veo una pequeña tienda me paro a tomar una bebida energética. ¡Y que bien me sienta! Se me han acercado unos críos que se entretienen jugando con la bocina. ¡Llegué! Piscina y a descansar. No hago más que beber y beber desde que he llegado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: