La autopista de los elefantes. Botswana en bicicleta

Cruzando África en bicicleta

Octubre 2019

La rueda trasera esta en las últimas. A medio camino entre Gweta y Nata, ¡pum! por fin revienta. Le pongo la que quite de la rueda delantera. Como es más ancha tengo que cortarle todos los tacos del lado que me pega en la horquilla. No sé si me va a dar para llegar a Zambia.
Al llegar al camping en el que voy  dormir en Nata, le pregunto al chaval que lo lleva si hay algún sitio donde pueda conseguir una cubierta. Hace unas llamadas y me dice que sí. ¡Por fin una alegría! Ahora tendré que ver que valga. En este camping no tengo ni luz ni wifi pero a cambio hay un río y te dejan unas canoas para recorrerlo. Es un paseo agradable aunque el sol pega fuerte.

El cielo se está encapotando rápidamente. En pocos segundos empieza a caer la mundial. Me refugio en la cocina junto con una pareja que está por allí. Aun así nos mojamos pues no está cerrada del todo y con el vendaval que hace, el agua se mete por todos lados. Al poco es granizo lo que cae. Puff, ¿Cómo estará mi tienda? Es la primera vez que me lleve y encima con semejante aire. Me acerco a verla. Por lo menos sigue en su sitio, aunque los bandazos que le da el aire son muy intensos. En pocos segundos acabo tan empapado que puedo escurrir la ropa. Abro la tienda y en principio parece que aguanta. Solo está un poco mojado la parte de los pies porque lleva una piqueta allí que nunca se la pongo y por eso queda un hueco por donde se ha metido el agua. Después de la tempestad viene la calma. La tienda ha pasado la prueba de fuego. Se pasa la noche lloviendo aunque sin el aire. Con la piqueta que faltaba puesta ya puedo dormir seco.
Me acerco a la tienda que me han dicho y dentro tienen un par de bicis. Cubiertas no veo por ningún lado. Le pregunto a la cajera y me dice que no hay. Creo que no me ha entendido. Tengo que coger a un dependiente para llevarlo a mi bici y señalarle con el dedo. Sí que tienen. En principio de la medida que me hace falta aunque ya se verá cuando la ponga.

Después de descansar un día en Nata prosigo rumbo a Zambia. Hoy duermo en un sitio llamado elefante sand. Tiene un pozo de agua al que van a beber los elefantes. Hay muchos turistas aquí. Los elefantes están al lado del bar y te puedes relajar en la piscina mientras los ves. Muchos elefantes se acercan al pozo. A veces solos, a veces varios. Alguno incluso se pelea. La tienda de campaña la he plantado bastante cerca, al lado de una mierda de elefante. Espero que si pasan por aquí no me la pisen. El sitio es un poco caro pero merece la pena por velos.

Me cruzo con un elefante y algún que otro animal en la ruta pero aun así es muy monótona y aburrida. El sol sigue apretando fuerte. Cuando más lo necesitaba se para un coche con franceses y me dan agua. No está muy fresca pero se puede beber, no como la mía. Luego estando en un descanso se para un coche y se bajan cuatro que llevan una borrachera elegante. Allí estoy aguantándolos hasta que se van. Encima solo tenían cerveza, que no me gusta. Estaban celebrando que habían ganado un campeonato de futbol.
Veo que se paran unos camiones y es que un coche ha atropellado un kudu. Son una especie de antílopes bastante grandes. Le ha debido partir la columna porque no puede mover las patas traseras. Cuando paso al lado me mira con ojos como de resignación. Qué pena me ha dado. Pobre.

A esta carretera le llaman la autopista de los elefantes por la gran cantidad que hay. De momento casi no he visto aunque hoy parece que se anima la cosa. Empiezo con una jirafa que se espanta en cuanto me ve. Luego viene un elefante. Me cambio de carril para no pasar muy cerca. Al siguiente voy despistado y no lo veo hasta que estoy casi  al lado. Me está mirando y con no muy buena cara. Me cambio rápidamente de carril y acelero un poco. Me doy cuenta que hay otro más y una cría. Por eso me miraba mal. Entre la maleza voy vislumbrando alguno más. Otra vez, al volverme hacia atrás, veo a cinco cruzar. También voy viendo kudus, impalas y algún avestruz. Todo el mundo que para me advierte sobre los leones pero en un mes aún no he visto ninguno. Todos me dicen que si no tengo miedo a lo que les contesto que dan más miedo los coches.
Hoy he visto al tercer cicloturista del viaje. Es japonés y viene desde su país con la bici. 20000 km lleva. Ayer se hizo 150. Que flojo me siento cuando me dicen estas cosas que yo no soy capaz de hace más de 60 al día.
El susto del día me lo da una serpiente. La primera que veo en todo el viaje. Así un poco de lejos me ha parecido un palo y cuando estoy a punto de pasar a su lado me doy cuenta que es una culebra en posición de atacar. Pego un volantazo a la bici y casi acabo en el suelo pero si llego a pasar a su lado me ataca seguro. No sé si sería venenosa o no, pero pinta de ello tenía.

Duermo en el recinto de una torre de telefonía. Esta vallado y hay dos vigilantes.
-¿Puedo dormir aquí?
-Sin problema- me responden.
Me ha dicho que por la mañana subiremos a la torre que tiene 70 metros. Las vistas tienen que ser espectaculares. Por la noche me enseñan a jugar a un juego. Dice que se parece al ajedrez pero vamos, ni en pintura. Lo único que tienen en común es que son juegos de estrategia. La primera partida se la gano y se queda a cuadros. Juego otra y ya no puedo.  Bastante que ya he  ganado una, que yo suelo perder a todo. Por la mañana cuando me voy aún no se han levantado y me quedo con las ganas de subir pero no puedo esperar más porque no hay una sola nube y el sol va a pegar fuerte hoy.

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