Quien espera, desespera. Botswana en bicicleta

Cruzando África en bicicleta

Noviembre 2019

Efectivamente, el día es muy caluroso. Ni una nube tapa el ardiente sol y la temperatura va subiendo por momentos. Aun así no llega a la de hace unos días. Llevo ya dos días que no pasa el termómetro de 43 grados. En una zona de descanso me he encontrado una tienda. ¡Increíble! Es la primera vez en un mes aquí. No tienen bebidas frescas. Mi gozo en un pozo. Me ofrecen agua fría aunque no es mineral, pero con la sed que tengo no me voy a poner tiquismiquis. Espero que no me afecte al estómago que nunca se sabe de dónde ha salido esa agua. Además no me la cobran. ¡Me sienta estupendamente!
El aire es muy fuerte en contra y estoy muy cansado. Pensaba llegar a Pandamatenga hoy pero no voy a poder por lo que tendré que dormir en la sabana. Total que de repente se acaban los árboles y llego a una zona totalmente deforestada para plantaciones creo que de maíz. Pero son kilómetros y kilómetros. Parece que no se acabe nunca. De vez en cuando empujo la bici para descansar un poco. Llevo las fuerzas al límite y estos campos se me hacen eternos.  Me he pegado cinco horas y media para hacer solo sesenta y cinco kilómetros. En cuanto vuelven los arboles busco un sitio escondido para dormir.

Me he quedado solo a diez km de Pandamatenga pero es que me era imposible seguir. Por lo menos mañana podré descansar todo el día en el camping. Voy a la gasolinera que hay una tienda y un cajero. Muchos ciclistas piden permiso para plantar aquí la tienda y dormir gratis pero yo quiero ducharme y lavar la ropa así que opto por el lodge. Voy al cajero a sacer dinero. Meto la tarjeta y…oh, se ha apagado la pantalla. Se enciende, se vuelve a apagar. Se reinicia y mi tarjeta que se ha quedado dentro. ¡Desastre! Todos los cajeros en Botswana tienen vigilante de seguridad. Aquí hay una chica que me dice que vendrá gente para dármela, que espere.
– ¿Cuánto tiempo?- pregunto
-La oficina está en Kasane a 100 km de aquí- contesta
-¿Una hora o dos?-
-Quizás- responde encogiéndose de hombros
Pues nada, a esperar toca. Pasan las horas. Una, dos, tres, cuatro, y allí no aparece nadie.
-¿Seguro que va a venir alguien?
-Si, si, seguro
Ahora hay otro chaval autóctono esperando porque también le ha pasado. Al parecer falla bastante este cajero. Tengo dos tarjetas más pero la que se ha tragado es la única con la que no me cobran comisión y me ahorro una pasta. Así que paciencia. Me compro de comer en el super unas patatas fritas y una salchicha. No puedo comprar mucho porque me quedan solo 10 euros y no estoy seguro de si voy a poder sacar más aquí. Por lo menos puedo comer algo y también tengo unos baños al lado. Seis horas, siete horas, ya no tengo esperanza de que vengan aunque me sigue asegurando que sí. Que día más largo.  Ocho horas y… ¡por fin aparecen! Consigo recuperar mi tarjeta y les digo que esperen hasta que saque no me vaya a pasar lo mismo. Me dice la chica que si quiero puedo plantar la tienda en el jardín. Por las horas que son ya no iba a aprovechar el camping así que me quedo aquí y por lo menos no gasto.

Ya estoy a solo 100 km de la frontera con Zambia. Ya tengo ganas que Botswana me ha resultado demasiado duro por el calor y la monotonía de sus carreteras. Aunque creo que la primera parte de Zambia es igual por lo menos parece que los poblados están más cerca y no tendré que llevar tanta agua. Pero bueno, no adelantemos acontecimientos. De momento a seguir por Botswana. Prácticamente no he visto animales en todo el día. El paisaje está cambiando. Se ve mucho más verde. Incluso hay charcas al lado de la carretera. La temperatura hoy es fuerte y cuando ya estoy pensando en buscar una sombra para descansar, me encuentro con unas casas abandonadas. Están más o menos limpias y a cubierto se puede aguantar el calor. A las cuatro de la tarde prosigo, que aún me queda trozo por hacer.  
Me encuentro a un elefante en una poza bastante cerca de la carretera. Al aproximarme a él me ve y se sale de la poza. De repente se asusta y echa a correr. Menos mal que no hacía a mí sino hacia la maleza. Al mirar allí descubro una manada de elefantes. Al final todos salen corriendo.  Uff, al asustarse me podría haber atacado en vez de echar a correr. Que poco le ha faltado porque no tenía ningún sitio para refugiarme. ¡Si es que mi bici asusta a cualquiera!

No tengo claro dónde voy a dormir porque no parece haber muchos sitios para ello. Al llegar a una torre de telefonía decido pedirles que me dejen dormir allí como el otro día. No hay nadie dentro del recinto. Detrás se ven unas casetas. Me acerco y son militares. Les pregunto y me dejan dormir dentro de la vaya que protegen las antenas. Después de montar la tienda me doy cuenta que tengo la rueda desinflada. Está llena de esos puñeteros pinchos que hacía unos días que no veía. Los dejo para el día siguiente. Lo malo que si se han clavado al entrar, para salir me volverá a pasar. Por la mañana arreglo cuatro pinchazos. Consigo sacar la bici de allí sin más incidentes, o eso creía yo hasta que veo un nuevo pincho en la rueda. Lo quito y de momento no parece que se afloje. Error. Al poco tengo que parar a arreglarlo. Estado sentado en el suelo se ha parado un camión y me ha ofrecido que si quería me llevaban. Para 20 km que me quedan le digo que no. Ahh, si me llega a pillar ayer…
Me encuentro un rebaño de vacas con unos pajarillos encima. Hay una que tiene unas heridas y los pájaros se la están picoteando. También me encuentro con dos elefantes, uno de ellos pequeño. Esta vez no se han asustado.

Por fin estoy en Kazunkula, el último pueblo antes de la frontera.  Hay una fila de camiones bastante larga pues para ir a Zambia hay que pasar el rio Zambezi en ferri y solo pueden pasar de uno en uno. Al poco llego a un centro comercial y dos gasolineras. Lo primero que hago es entrar a una de ellas y comprarme una tableta de chocolate y una bebida energética. Luego me voy a un kwalape lodge que está a cuatro kilómetros a plantar la tienda. Es el mejor en el que he estado y además es barato. La piscina una maravilla y ¡el internet va rápido! Hago las compras y a coger fuerzas para mañana.
La rueda se va aflojando cada cierto tiempo. Provechando las piletas del baño le doy un repaso a la cámara a ver dónde lleva el pinchazo. Tres me encuentro. En total hoy he arreglado nueve pinchazos. Mi record personal.

4 comentarios el “Quien espera, desespera. Botswana en bicicleta

  1. Jodo macho no sé cómo haces para rodar con esa calorina. Ánimo y paciencia con los pinchazos. Bonitas fotos y estupenda crónica. Un abrazo azuarino.

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