Cataratas Victoria. Zambia en bicicleta

Cruzando África en bicicleta

noviembre 2019

¡Vamos a por el tercer país! Pasar fronteras es algo que no me gusta absolutamente nada. Pero bueno hay que hacerlo. Aquí la frontera tiene una peculiaridad y es que hay que cruzar el río Zambezi para cambiar de país. Ahora está todo en obras pues están construyendo un puente para cruzar. De momento hay que hacerlo en ferri. Para salir de Botswana ningún problema. Casi no hay gente. Me estampan el sello de salida y a correr. Luego tengo que coger el ferri. Al otro lado del Zambezi cruzan unas barcas  para llevar pasajeros y una más grande para coches y camiones. Esto va rápido. En cuanto atraca me subo con la bici y en nada estoy en la otra orilla. Solo me han cobrado 5 pulas. ¡Y yo que me guardaba un billete de 100 por si acaso! Nada más pasar el río ya se nota el cambio.  Hay mucha más gente y en cinco minutos he visto más bicicletas que en dos meses de viaje. Aquí hay más gente que en la de Botswana. Me pongo en la fila pero como hay una ventanilla exclusiva para turistas, enseguida me llaman. El visado se puede sacar para una entrada, dos, o múltiples. Luego hay un visado especial con el que puedes entrar y salir las veces que quieras entre Zimbabwe y Zambia. Este es, sobre todo, para visitar las cataratas Victoria. Se llama Kaza visa, vale 50 dólares y es válido para un mes. Con un mes me va a ir un poco justo pero si me saco los otros acabaría pagando 100 dólares por visitar las cataratas. No puedo pagar con tarjeta y me manda a un cajero que hay en la parte de atrás del edificio. Lo miro. Me mira. –Ni se te ocurra quedarte con mi tarjeta.- Pues no te doy dinero.- No me acepta la tarjeta. Pruebo con otra y esta vez sí. Sin más me hacen la visa y ya estoy en Zambia.

La carretera está salpicada de pequeñas aldeas que no salen en el mapa. Hasta puedo comprar agua fresca en una. A ver si se mantiene la tónica y no tengo que cargar con tanta agua. De vez en cuando me cruzo con gente que va en bici, hasta con un grupo de ciclistas. Digo esto porque la mayoría van en la bici para trasladase o llevar cosas no por hacer deporte. Hay mucha gente por la carretera. Nada que ver con Botswana. El asfalto es bueno pero el arcén es rugoso y no se va bien por lo que hay que ir por dentro. Esto la hace un poco peligrosa. Con el espejo que llevo para cortarme el pelo y un palo, improviso un retrovisor. Todo el mundo me saluda al pasar y alguno de los que va en bici se pone a mi lado a hablar. La carretera es mucho más agradable para pedalear que en Botswana. Hay subidas y bajadas, curvas y está más verde. Al final del día, que me he tomado con mucha calma, me meto por un camino y acampo. Cerca hay una aldea aunque desde estoy no se ve. Al montar la tienda otra vez se me parte la varilla. Estoy hasta los mismísimos. Cada vez es más corta y tiene más tensión por lo que es más fácil que se rompa.
La vuelvo a apañar. Esta vez le pongo un alambre alrededor para reforzarla. A ver cuánto dura.
A la mañana siguiente, cuando me levanto, hay un gacho allí. Me saluda y se queda todo el rato mirando como recojo todo. No puedo ni mear. Al recoger me falta una piqueta. El suelo es arenoso y por mucho que busco no consigo encontrarla. ¡Esta tienda es una ruina!

Livingstone, famoso por su cercanía las cataratas Victoria. Su nombre se debe al famoso explorador británico David Livingstone que fue el primer europeo en ver las cataratas. Aquí pasaré dos días. Uno para ver las cataratas y otro para intentar arreglar la bici o comprarme otra. El tiempo ha empeorado y llueve pero ya estoy a resguardo en el hostel.
Las cataratas Victoria están en dos países, Zambia y Zimbabwe, lo cual complica su visita. Primero voy al lado de Zambia. La entrada se encuentra a 10 kilómetros al sur de la ciudad. Cuesta veinte dólares. Para estas fechas está totalmente seca aun así es bastante espectacular. Con agua tiene que ser una pasada. Al fondo se divisa la espuma que sale del lado de Zimbabwe que es la parte que lleva agua ahora. Me parece muy caro para lo que se ve. Creo que para estas fechas con ver la parte de Zimbabwe sobra. Y allí que me dirijo.
Ahora toca pasar fronteras. Para salir de Zambia sin problemas. En la de Zimbabwe me hacen rellenar un papel y listo. Ya estoy en Zimbabwe. ¡Cuarto país! Entre una frontera y otra aún hay un cacho para los que van andando. Yo, como voy en bici, llego enseguida. Aquí la entrada aun es más cara. Treinta dólares. Al final sale la visita a las cataratas por un ojo de la cara. Este lado es más bonito, principalmente porque lleva agua. Hay doce miradores desde los que se pueden admirarlas. En algunos acabas empapado y eso que hay poca agua. ¡Cuando sea temporada de lluvias ya puedes ir en bañador! Las vistas son grandiosas. El agua cae con mucha fuerza. No hago más que imaginar líneas de rapel (se nota que soy barranquista) aunque creo que sería un suicidio. En los últimos miradores te puedes asomar al cortado que cae 100 metros hasta abajo. No apto para personas con vértigo.
La vuelta misma operación Para pasar las fronteras. Total que aunque no hubiera llevado visado hubiera pasado igual porque donde te hacen los papeles están dentro de unos edificios pero puedes pasar sin entrar y no me pidieron el pasaporte en ningún momento.

100 metros de caída
La piscina del diablo

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