¡Entrando a boxes! Zambia en bicicleta

Cruzando África en bicicleta

Noviembre 2019

No tengo claro si comprarme una bici nueva o arreglar esta. De momento necesito buscar una tienda de bicis y a ver como son y el precio que tienen. Me dirijo al mercado de Maramba, en Livingstone. Según el maps allí hay una tienda de bicis. Estoy donde me dice el programa y allí no hay más que cuatro maderos mal puestos con unas chapas de techo. Bicis está claro que no venden. Me quedo mirando un rato hasta que me hace uno un gesto con la cabeza.  Me acerco a preguntar a ver. Pues sí, aquí reparan bicis. Por 10 kwachas (80 céntimos de euro) me la repara. Ni me lo pienso. Además en una bici nueva no sé si podre poner las garrafas delanteras para llevar el agua y eso sería muy malo porque tendría que echar todo el peso atrás. Se va a no sé dónde a por herramientas que consisten en un cortafríos, un martillo, dos vasos soldados a una barra y un clavo. Los pedales los saca a martillazos y para desenroscar la pieza del eje lo hace apoyando el clavo en las ranuras y a golpes. Unas llaves muy profesionales aunque debo confesar que este eje lo he desmontado yo de la misma manera. Sale un rodamiento roto. Se va a por repuesto y trae dos tapas con rodamiento y un eje. Hace tiempo, al desmontar el eje hubo problemas con la rosca. Tuvimos que soldar una barra bastante larga a la llave y tirar entre dos personas para poder desenroscarlo. Luego le pusimos una pieza diferente a la original. El chaval que está desmontándola no consigue quitar esa pieza y se va a buscar a otro. Con una inglesa y una grifa enorme no consiguen soltarlo. Rompen un pedal viejo y usan el eje para tener una base que golpear y al final a martillazos sale. Montan todo y algo pasa. Pegan los dientes en la horquilla. Vuelven a desmontar todo y ponen el eje al revés. Sigue pegando. Lo desmontan y al compararlo con el viejo resulta que es un poco más corto. Se va a ver si hay repuesto. Viene con un eje totalmente distinto que por supuesto no vale para aquí. Le digo que ponga el viejo aunque está un poco comido. Posiblemente me vuelva a tener juego pero mientras aguante hasta Tanzania, va bien la cosa. Por 2,5 euros tengo la reparación con la pieza. Le dejo una propinilla que se la ha ganado.

Otra vez a la ruta. El cielo no pinta muy bien. De hecho ha llovido estos días. He tenido que lubricar la cadena que se había oxidado. La carretera sigue en su tónica. Subidas y bajadas continuamente. A lo largo de la carretera hay muchos puestos consistentes en cuatro maderos para hacer una mesa en la que venden sacos de carbón. También a veces  hay puestos de fruta. Cada poco tiempo me encuentro pequeñas aldeas que no salen en los mapas. Todo el mundo me saluda cuando paso.
Las nubes están muy negras y se me pone a llover. Las gotas son gordas pero caen pocas y no me mojo demasiado. No tarda en parar. Hacía días que no tenía una temperatura tan buena. El termómetro no ha pasado de los 28 grados en todo el día. ¡Esto es una maravilla! Me meto por un camino para esconderme un poco para acampar. A la hora de hacerme la cena resulta que la válvula de apertura del hornillo fuga gasolina. ¡Cuando no es una cosa es otra! La desmonto y tiene una junta pellizcada. Menos mal que me traje los repuestos que salieron con el hornillo.
Yo pensaba que no iba a pasar mucha gente por aquí. Nada más lejos de la realidad. Debe de haber un colegio al que se viene por aquí porque a las seis de la mañana no hacen más que pasar críos de uniforme.

La cosa sigue igual todos los días. Mismos paisajes, gente saludando y sonriendo, bicis por la carretera. Hay gente aquí que está muy fuerte. Algunos van en bicis, que no tienen ni cambios, llevando a otra persona y aun así me pegan unas buenas lijadas. Cada vez que para un coche en los puestos de fruta se arma un gran revuelo. Todas van corriendo con la fruta en un bol a intentar vendérsela la primera. ¡Menos mal que no me lo hacen a mí, sino me tiran de la bici!
El cielo se pone muy negro enseguida y estalla la tormenta. Los rayos inundan el cielo, la lluvia cae con fuerza y el aire sopla huracanado. Me escondo un poco detrás de un poste de la luz que algo me protege. Con tanto rayo no me atrevo a ponerme debajo de un árbol. Menos mal que pasa enseguida. Por la noche vuelve otra tormenta pero dentro de mi tienda ya puede llover lo que quiera. Allá a las doce de la noche me despierta un ¡CRASH! Eso ha sido la una varilla de la tienda. Seguro. Me asomo a ver y efectivamente. Otra varilla partida y esta vez  me ha rajado el doble techo. Está lloviendo y no sé si me entrara agua o no. Menos mal que no llueve fuerte. Por la mañana, al examinar la varilla veo que lo que se ha partido el tubo interno que las une. Al doble techo le pongo cinta americana. A ver si aguanta y no pasa la lluvia pero tengo bastantes dudas. El tubo interno, como se ha quedado raso, no puedo estirar con los alicates para sacarlo. Lo que hago es meter un alambre doblado para que lo enganche por abajo. Este sí que está bien pegado, al contrario de la que se me rompió la otra vez y tengo que tirar con mucha fuerza. Ahora el problema que tengo es que es la mitad de largo que antes por lo que coge menos superficie interna de la varilla y me la partirá como me pasó con la otra. La refuerzo con alambres a ver si así aguanta, aunque tengo mis dudas y menos los casi dos años que me quedan de viaje.

El día es muy soleado y caluroso pero no se acerca ni de lejos a las temperaturas de Botswana y aquí cada cierto tiempo puedo comprar agua fresca. Los días me cunden más porque no tengo que parar un montón de horas a esperar que baje la temperatura. Voy a comprar unos tomates. Los tienen puestos haciendo montaña en varios platos.
-¿Cuánto cuestan?
-Cinco Kwachas (29 céntimos de euro)
Pensaba comprarme dos pero me parecen muy caros
-Ponme uno- le digo
Coge una bolsa de plástico y mete un plato entero en ella. Cinco kwachas no era un tomate, ¡era un plato entero! Igual hay cerca de veinte tomates.

¿Aguantaran las varillas? De momento al montar la tienda sí. Ya veremos a lo largo de la noche. Me hago dos paquetes de noodels para cenar que hoy ha sido la etapa larga. He llegado a los 80 kilómetros. Debo decir que tenía el aire a favor y a ratos ha sido fuerte. Hacia muchos días que no me pasaba. Así da gusto. Como se hace de noche muy pronto me pongo dentro de la tienda con el móvil a leer, navegar por internet si la cobertura lo permite, a ver animación japonesa etc… Ha habido un rato que parecía que estaba lloviendo lo que me parece muy raro porque el cielo estaba despejado. No era lluvia. Son  los insectos que se sienten atraídos por la luz del móvil y golpean la tienda. Es un pasada la cantidad que hay. Enchufo la linterna para mirarlos y veo… ¡un escorpión! No lo he visto bien porque se mueve muy rápido. Se ha metido debajo de la mochila que tengo al lado de la puerta. Vuelve a salir y ahora no tengo claro si es un escorpión o una araña enorme. Me decantaría por una araña. Al rato aparece otra. Yo creo que hay varias porque desaparecen por detrás de la tienda y enseguida viene otra a lo lejos. ¡Debo estar cerca de un nido! Ahora me da cosa salir a mear, que son muy rápidas, y te aseguro que me meo bastante.  Miro varias veces que las cremalleras de la tienda están bien cerradas. ¡No me fío un pelo!

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