La escuela. Malawi en bicicleta.

Cruzando África en bicicleta.

Diciembre 2019.

Escuela más ciclista blanco igual a niños alborotados.  Paso a primera hora al lado de una escuela y en principio no me hacen caso pero cuando paro un poco más adelante a comprar unas bananas vienen todos corriendo. Como se descuide la del puesto se las van a pisar. Se me quedan alrededor mirando cómo me las como. Cuando acabo me despido y me voy.
 El río está ya cerca. El camino ha desaparecido dejando paso a un sendero. Ya empiezo a tener dudas pero vamos, que he preguntado antes y me han señalado todo recto así que yo sigo sendero adelante. Pronto llego al río. Hay una barca amarrada a la orilla y veo que viene otra de la opuesta. Me espero a que llegue.
-¿Puedo montar la bici en la barca?
-Ok
Me ayudan a subirla que pesa lo suyo. Me quedo de pie al lado para sujetarla no se vaya al agua.
-¿Cuánto es el trayecto?- le pregunto
– Mil kwachas- responde con toda su cara.
Este tío se lo flipa. No creo que los locales paguen más de cien por el breve paseo aun así le digo que le doy quinientas. Acepta, claro está. Solo llevo cuatrocientas kwachas sueltas por lo que con eso se queda. Paso de darle un billete gordo y que no me quiera devolver. Bueno, que el billete más gordo que he visto es de dos mil kwachas que vienen a ser dos euros y medio.

De momento sigue el sendero. Más tarde se ensancha pasando a camino pero no es ni de lejos tan bueno como el de la otra orilla. Al poco paso por otra escuela que está a reventar de niños. Enseguida vienen corriendo hacia mí. Me paro a comprar un refresco y eso es una locura. Yo creo que hay ciento y pico niños haciéndome corro. Una pasada. Una cosa curiosa es que a pesar de ser tantos alrededor de la bici a esta ni la tocan. Por ese lado son bastante respetuosos. En ningún sitio me han llegado a tocar nada de la bici. A veces hasta he dejado todo tan tranquilamente y me he ido a otro lado. Respetan mucho la propiedad. Cuando me voy algunos me siguen un rato corriendo hasta que un hombre les hecha la bronca y les dice que vuelvan a la escuela.

A las tres de la tarde el cielo pinta negro. Veo una escuela y les pregunto a unos hombres si puedo dormir allí. Sin problema. El aula está vacía, ni sillas ni pupitres solo una vieja pizarra deslustrada por el paso del tiempo. A mí me enfada bastante cuando la gente dice: esta gente no tiene nada pero son felices. Como sonríen. Pues yo os digo que la mayoría de los niños son felices en casi cualquier lado. Dudo que los mayores sean “felices” (habrá de todo como en todos lados) levantándose a las cinco de la mañana para ir a picar al campo con el espinazo doblado. Aquí no tienen tractores para ayudarles. La única maquinaria es una azada y una bici para transportar la cosecha. El agua la tienen que ir a coger a una bomba manual que hay en la aldea porque nadie tiene agua corriente en casa y muchos ni electricidad.  Y los niños después de la escuela al campo a  ayudar. He visto niños muy pequeños dándole a la azada, llevando leña etc. Por algo será que no he visto ancianos por el camino. Reflexionar sobre ello.
Enseguida tengo allí a dos críos que pronto se convierten en cuatro seguidos de una docena. Hoy no tengo ganas de nada y no les digo ni mu a ver si se van. Pasa una hora y nada. Yo no sé cómo no se aburren de mirarme. Al final acabo jugando con ellos. Esta vez me ha salido mejor la ´Macarena. Están allí hasta el último rayo de sol. Cuando les digo que me voy a dormir ya no entran al aula pero están asomados a la puerta y a las ventanas hasta que me meto dentro de la tienda.

Me he levantado temprano porque no vaya a ser que entren a clase y yo aún esté allí con mi tienda. Aun así cuando me voy ya hay alguno  fuera con los libros. El día ha amanecido muy gris. Los caminos están embarrados y las aldeas no tienen el encanto de los otros dos días. Los pueblos están más sucios y las casas son de cemento. En un momento del camino me encuentro una rama con hojas que lo atraviesa. La voy a cruzar y un hombre me dice que me baje de la bici. No entiendo porque. Como insiste mucho le hago caso y sigo andando. Resulta que se ha muerto un hombre y en una casa que está cerca están de entierro. Imagino que lo de bajarse de la bici será por respeto o por alguna superstición Cuando llego a otra rama cruzada ya me puedo montar.
A lo largo de la tarde me llueve varias veces sin posibilidad de refugiarme. Tanto mojarme y secarme me estoy resfriando. Además hace bastante fresco. Todo está lleno de campos y hay muy pocos árboles en comparación con Zambia. Está todo muy deforestado para dar paso a las plantaciones. Esto también me supone un problema a la hora de encontrar un sitio para dormir. Desde que empiezo a buscar hasta que acampo han pasado 20 kilómetros y al final estoy en un sitio que tampoco me convence, pero ya se estaba haciendo de noche. Siempre procuro que no me vea nadie o la menor gente posible pero por aquí ha pasado hasta el apuntador. De momento no he tenido problema con la gente en todo el viaje y por si acaso siempre duermo con el spray de pimienta al lado.

La etapa de hoy prometía ser buena. Mil metros de bajada me separan del lago. Pues al final se ha liado la cosa. Al poco de salir he pinchado. El primer pinchazo en Malawi. Desde que deje atrás Botswana los pinchazos son algo anecdótico. Se me ha hecho una pequeña raja en la cubierta, seguramente habré pisado algún cristal. Desde que la puse es la primera vez que se pincha y ahora está ya muy desgastada pero la voy a apurar a ver si entre esta y la que llevo de repuesto me llegan hasta el final de África. Al principio del día se van alternando las subidas y bajadas. A lo tonto he subido más de trescientos metros de desnivel. Llego a un cruce. Miro el mapa. Por la derecha. Por fin empieza la bajada buena. Las pendientes son fuertes y en poco tiempo he bajado casi trescientos metros de desnivel. Cuando llevo once kilómetros vuelvo a mirar el mapa en el móvil. No me lo puedo creer. Me he equivocado en el cruce. ¡Era a la izquierda! He ido por caminos que había cientos de cruces y no me he equivocado ni una vez y en este que era bien fácil meto la pata. Que cabreo cojo contra mí mismo. Pues nada, toca volver los once kilómetros con su desnivel y encima el aire en contra. De ser una etapa tranquila al final me salen cien kilómetros y casi setecientos metros de subida. Ya había leído que aquí los críos no hacen más que pedir dinero. ¡Give me money! (Dame dinero) Repiten sin cesar. Muchos son tan pequeños que no saben lo que dicen, solo repiten lo que les indican. Es bastante molesto. Lo que ha hago es decirles: hello, give me money. Muchos se quedan pillados y se quedan callados. Si hay muchos que me siguen a veces sacar la cámara funciona. Hay muchos que le tienen miedo a la cámara y cuando la saco se echan a correr.
Llego a Salima reventado. Me pillo una habitación y me voy enseguida a dormir. Estoy muy cansado, llevo las tripas raras, y creo que me ha dado una pequeña insolación, que el sol hoy ha pegado fuerte.

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