Una de cal y otra de arena. Cicloturismo por Tanzania.

Cruzando África en bicicleta.

Enero 2020.

Hoy he comido mucho y aun así tengo un hambre atroz. A las dos de la tarde un plato de macarrones y por la noche un enorme plato de arroz con tortilla y fruta. Acabo muy lleno pero al poco me hubiera comido otro igual. Hacía mucho que no me daba problemas pero esta mañana se me ha partido otra varilla de la tienda y es que como le faltan varios dedos están muy tirantes y es normal que se partan. Lo que he hecho ha sido ponerle un tubo exterior de los que prepare en Zambia. De momento parece que funciona. La forma que hace es un poco rara pero así tiene menos tensión en las varillas.

En una parada a descansar se me acerca un niño pequeño que es un trasto. No para. No hace más que subirse a la bici y yo bajarlo. Le digo en suajili que no se suba pero no me hace ni caso. Aquí poca gente habla inglés y la comunicación es difícil. Poco a poco me voy haciendo a los precios así los voy entendiendo mejor. Me tomo el día con mucha calma que la carretera sigue subiendo. Por lo menos el calor es soportable. Es duro pero tiene su recompensa. Las vistas de las montañas alegran la vista Hoy decido parar pronto. Hay un camino que lleva al inicio de la andada a un cráter en el que creo que puedo encontrar buen sitio para dormir. Hay mucho bosque pero no hay huecos para poner la tienda por la cantidad de maleza que hay. Al final metiéndome por un caminillo lateral encuentro un sitio precioso para poner la tienda. Al lado tengo uno de esos bosques en los que en los cuentos viven las hadas y los duendes. El suelo está tapizado por las hojas secas de pino. El sol apenas se vislumbra a través a través de sus tupidas ramas. Me encanta. Estoy un poco paranoico con los bichos. Tanta vegetación parece el hogar ideal de serpientes, arañas, mosquitos con malaria, mosca tze tze. Lo primero que hago es ponerme toda la ropa de largo. Además veo una mosca que parece de las tze tze. No sé si será porque solo la he visto en fotos, pero parecerse se parece. Y he leído por internet que por esta zona hay (aunque tampoco hay que creerse todo lo que se lee en la red)

Pasando por un pueblo me acerco a un puesto de comida. Es una castea de madera con el frontal y parte de las paredes laterales cubiertas solo hasta la cintura. El fogón consiste en una caja metálica con una rejilla encima, coronada con un gran puchero en el que está haciendo una sopa. Dentro de la caja va la leña que calienta la sopera. De un gancho cuelgan trozos de carne, piel y lo que me parece un hígado. Viendo la carne colgada se me pasa el hambre de golpe. Veo que también tiene patatas fritas y eso es lo que me pido.
La carretera sigue igual. Mucha vegetación, montañas a los lados y sigo subiendo. Pasado la mitad del día empieza la bajada y esta será larga. Alrededor de 1000 metros de desnivel. Decido coger un atajo por un camino. No sé si debería porque la bici está como está. Ya hace días que voy con un radio menos y después de varios días en Tanzania solo he visto una tienda de bicis y ningún sitio donde las arreglen. Lo de un mecánico en cada pueblo se ha acabado. Por la carretera bajaría en un momento. Por el camino le añado un poco de aventura y no me tengo que preocupar de los coches. La verdad es que no está en muy buen estado. Tengo que ir con las dos manos en los frenos esquivando los regueros en la tierra formados por las lluvias. No me puedo despistar ni un momento sino quiero acabar besando el suelo. La vista es esplendida. A mis pies una llanura inmensa rodeada de montañas. Me gustan tanto las vistas que, aunque es muy pronto, decido parar a dormir allí. Tengo toda la tarde para poder deleitarme contemplando esta maravilla. Las nubes amenazan lluvia por lo que monto pronto la tienda por si acaso. Estoy al lado de un camino pero no creo que pase mucha gente. Pasa un hombrecico que me saluda, muy majo él aunque no habla nada de inglés me hace gestos afables. Se queda un poco alucinado cuando le digo que voy a dormir allí. Al rato pasan dos mujeres. La más mayor es maja pero la más joven se pone muy impertinente. No hace más que hacerme el gesto de dinero y luego tocarse la tripa. Vamos, que le de dinero para comer. Me podrá decir que quiere el dinero para otra cosa pero una mujer que pesará sobre los cien kilos no creo que le falte comida. Cuando le contesto de malas maneras después de sus repetidos intentos de sacarme el dinero, me hace un gesto un poco amenazante con la azada. Justo le viene. Menos mal que se van pronto que ya me estaba tocando la moral. Al rato vuelve el primer hombre que he saludado con otro que sí que habla un poco de inglés. Pues han debido de venir de propio a invitarme a la aldea a dormir. Se lo agradezco un montón pero tengo ya todo montado y hasta la aldea hay tres kilómetros de mucha pendiente, que es por la que he bajado para venir aquí. Y además me apetece disfrutar de estas vistas. Una de cal y una de arena. Como veis hay de todo, gente súper maja y gente súper desagradable.

¡Que bajada! El atajo solo tenía siete kilómetros los cuales los he disfrutado mucho y luego ya ha venido el asfalto. Veinte kilómetros casi sin darle a los pedales. Y con las vistas del valle hasta que lo he alcanzado. Lo más negativo el tráfico. Es muy intenso y el arcén está en mal estado y a distinto nivel de la carretera. Tengo que estar subiendo y bajando continuamente. Incluso hay trozos de carretera que es como si se hubiera hundido el asfalto y tienen un gran escalón el cual no puedo sobrepasar con facilidad. O voy por el arcén esquivando agujeros que algunos son muy profundos o me la juego por el lado del asfalto. En cuanto oigo pitido al arcén corriendo. A veces pitan porque sí, que tienen el otro carril para cruzarse. A esos los mataría. Otras veces les está adelantando alguien y no hay sitio. Vamos, que por si acaso, como no se la situación pues tuve que dejar el espejo retrovisor en España para quitar peso de cara al avión, cada vez que oigo un pitido me tengo que ir al arcén. Eso de frenar y esperar para pasar no saben lo que es. Y lo del metro y medio ni te cuento.
¡Después de muchos días he encontrado chocolate! Hoy no voy a pasar hambre. Lo que me preocupa es que estoy acabando con los noodels y no he visto que vendan en ningún lado. Tres días me quedan para encontrar.

Mosca tze tze

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