Se complica la aventura. Tanzania en bicicleta.

Cruzando África en bicicleta.

Enero 2020.

Salgo del hotel de Makanbako después de descansar un día allí. Llevo varios días que la carretera es muy monótonas. El paisaje es plano y las montañas de días atrás han desaparecido. La carretera es muy ancha. El arcén es casi como un carril. Está bien porque no tengo que preocuparme del tráfico pero por otro lado afea mucho el paisaje. ¡Si es que lo queremos todo! El cielo está muy negro y en cuanto caen un par de gotas busco corriendo algún sitio para refugiarme. Encuentro una casa abandonada a medio construir. Tiene la mitad del tejado así que no me mojaré. Aprovecho para revisar el pedal, Que llevo unos cuantos kilómetros que el pedaleo es malísimo. Ha cogido ya demasiado juego. Cuando lo soldé pensaba que había condenado el eje pero no. Se puede sacar, lo único que la biela izquierda y el eje van solidarios. Lo quito a ver si puedo hacer algo. El rodamiento del lado del plato está desecho. Ya os conté que me lo pusieron al revés y está trabajando mal y que no le puedo dar la vuelta porque si no me pegan los platos en la horquilla. La diferencia de una posición a otra es de un milímetro o menos pero es lo justo para que no pegue. Me falta una bola del rodamiento. Imagino que se habrá caído al sacarlo pero no la encuentro. Se me caen varias bolas más. Con un alicate intento doblar las patillas de la jaula para que no se caigan. Vuelvo a poner todo en su sitio sin conseguir arreglar nada. Luego se me ocurre meter un tornillo entre la tuerca que soldé y el interior de la biela. En principio parece que se ha quedado fijado. Corto lo que sobresale del tornillo y me queda una punta muy fea que me puede hacer un buen tajo en el pie. Pues justo en el suelo hay una bolsa con unas gomas que van que ni al pelo. ¡Qué suerte! El camino provee.

Arranco cuando para de llover. En cuanto le hago un poco de fuerza vuelve a tener juego. El invento no ha funcionado. ¡Con lo contento que me había quedado! En estos momentos estoy pedaleando prácticamente solo con la pierna derecha porque a lo que me engancha la biela ya casi ha dado la media vuelta. Así no hay manera de pedalear. En cada cuesta por pequeña que sea me tengo que bajar a empujar la bici. Si es llano aun puedo pedalear aunque sea solo con una pierna. Así avanzo poco. Paso por un pueblo que parece un poco más grande de lo normal y busco a ver si hay una tienda de bicis. Me dice un hombre que no, que a lo mejor en uno que hay a 30 kilómetros. Ya lo había visto en el mapa. O hay allí o ya me tendría que ir a 100 kilómetros que hay ya un pueblo elegante. Pero tanta distancia con la bici así me va a ser imposible. Mañana probaré a ir al que está más cerca a ver si tengo suerte. A una mala también puedo taladrar la biela y el eje y ponerle un pasador. Aunque para eso tengo que encontrar a alguien que tenga taladro que tampoco creo que sea fácil. Si no lo puedo solucionar allí a ver qué hago si abandono ya o intento llegar al otro. Cuanto estoy saliendo, después de preguntar, se pone a llover. Tengo suerte que me pilla justo al lado de una parada de autobús con un tejadillo de chapa. Llueve con muchas ganas. Menos mal que tengo refugio. Estoy helado. Ahora echo de menos el forro polar que perdí. Tengo ropa de abrigo en las alforjas pero no me apetece desmontar todo para sacarla. Me he dado cuenta que llevaba todas las monedas que he ido guardando de los diferentes países por los que he pasado en el forro polar. Perderlas me ha sabido muchísimo más malo que perder el forro.
Cuando para de llover tiro para adelante que ya son casi las seis y solo me queda una hora de luz para encontrar un sitio para dormir. Me meto por un tupido bosque. Parece que va a haber muchos sitios pero la vegetación es tan espesa que no hay ningún sitio. Al final encuentro uno que no me gusta mucho porque está en rampa pero es lo que hay. Por mucho que doy vueltas no encuentro nada mejor. El día ha sido duro y los ojos se me van cerrando poco a poco arrullado por el trino de los pájaros. ¡Buenas noches!

Los treinta kilómetros hasta Mafinga se me hacen bastante largos. En las rampas fuertes empujo la bici y los llanos pedaleo prácticamente con una pierna porque a lo que me engancha el pedal derecho ya casi ha dado la media vuelta. Y el día no acompaña. Se ha nublado y de vez en cuando cae un poco de lluvia. Cuando llego a Mafinder está lloviendo con ganas y me tengo que refugiar en una gasolinera. Aprovecho que tiene un supermercado para comprar comida. ¡Sorpresa! Venden noodels. Me doy una alegría pues solo me quedaban dos paquetes. Puedo cocer pasta o arroz pero eso lleva bastante rato y hay que echarle más cosas o no saben a nada sin embargo los noodels en dos minutos están hechos. Parece que para un poco y continúo que estoy solo a dos kilómetros del pueblo. Me doy una vuelta pero no veo ninguna tienda de repuestos ni ningún sitio donde me puedan taladrar el eje para meterle un bulón. Se pone a chispear y decido coger un hotel y tomármelo con calma. El Hilton se llama. ¡Pero este es para pobres como yo! La habitación es amplia, tiene tele y mosquitera, está muy limpia que es lo más importante y además me dejan meter la bici dentro. El baño es turco, o sea un agujero en el suelo. Lo malo de estos baños es que cuando te duchas el suelo se queda lleno de agua y cuando vas a hacer tus cosas o tienes cuidado o acabas con los calcetines empapados. El dueño del Hilton me da unas indicaciones para encontrar una tienda donde puedo comprar repuestos. Por supuesto no la encuentro pero es que tampoco le he entendido bien. He visto dos personas que arreglan bicis y le he preguntado a uno de ellos. Me la quería arreglar él pero no le he dejado. Prefiero hacerlo yo a que me la vuelvan a liar. Preguntando por varios sitios más al final encuentro la tienda. Compro eje, biela, la pieza que sujeta el eje al cuadro y cuatro rodamientos por si necesito más adelante. Cuatro euros en total. Menos mal que las piezas me salen baratas porque de lo contrario con todo que le he cambiado sería mi ruina. El eje lo veo un poco pequeño. Cuando lo monte lo veré.

Cuando soldé el eje pensaba que lo había condenado pero se puede sacar al soltarlo de los platos. El rodamiento que está trabajando mal sale hecho polvo. El eje vale aunque los platos me pegan en la horquilla. Solo la rozan un poco pero no se traban. Lo único que me preocupa es que del roce se desgaste mucho y se parta. Ya lleva una buena hendidura de los roces anteriores. Monto todo sin problemas. La llave acodada no me entra bien pero con la inglesa y otra haciendo palanca se queda bien sujeto. O eso creo. Tengo también dos radios rotos en la rueda de atrás, en el lado de los piñones. Por lo menos desde que los apreté han durado casi dos semanas. Intento quitar los piñones pero necesito una llave que no tengo y no me queda otra que ir a que me los cambien. Al final había tres rotos. Aprovecho que he quitado la cámara para arreglar un diminuto pinchazo, que tenía que hinchar un poco la rueda todas las mañanas. Llevo varias semanas sin pinchar. ¡Casi no me lo creo! El colchón también está pinchado. Y además es gordo porque enseguida pierde el aire y me levanto todos los días con la espalda en el suelo. Lo consigo encontrar y lo parcheo. A ver si aguanta porque está en un sitio muy malo y en la colchoneta los parches se pegan fatal.

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