Drama. Cicloturismo en Tanzania.

Cruzando África en bicicleta.

Enero 2020

Hoy veré si las reparaciones han surtido efecto. Las sensaciones son buenas. Se oye el roce de los platos pero no me frenan la pedalada. Se me hace hasta raro pedalear sin que se mueva nada. Los veinticinco primeros kilómetros son cómodos de pedalear. La carretera tiende hacia abajo aunque de vez en cuando viene alguna subida brutal, de las frecuentes que hay por estos países. No sé si estoy acatarrado o es alergia pero no paro de estornudar. Voy totalmente congestionado. Luego se me empieza a caer la moquita a chorro y se me irritan las narices. Me encuentro fatal y encima se pone a llover. Ya se veía venir porque el cielo está muy encapotado y a lo lejos se ven nubes descargando la lluvia. Estoy en una zona de bosque sin sitio donde meterme. Como llueve poco me meto debajo de los árboles para ver si me tapan algo. Enseguida me empiezo a mojar también allí. Al otro lado de la carretera me ha parecido ver una casa que parecía abandonada. Me acerco a ver si es así porque aunque lo parezcan muchas veces vive gente. Las hierbas se han comido el camino para llegar a ella. Algunos maderos del porche están apuntalados. Pero tengo techo de hojalata y allí no me mojo. Incluso me planteo el montar la tienda dentro, que no está excesivamente sucio, para pasar la noche.

Al poco aparece un chaval de unos 16 años de estatura media, en chándal y con un pañuelo un la cabeza a modo de turbante. Se sienta a mi lado sin decir nada. Yo sigo leyendo un libro electrónico a la espera de que pare de llover acostumbrado ya a estas situaciones.
-Me llamo x, (no me acuerdo del nombre), no hablo inglés- me dice con voz entrecortada al cabo de mucho rato, y me parece entenderle que me dice que se han muerto sus padres. Y entonces se pone a llorar. Me quedo paralizado sin saber qué hacer. Intento hablar un poco con el pero es muy difícil. Me entero que es de Mafinga a 25 kilómetros de aquí. Parece que está vagando sin rumbo. Nos quedamos callados y al poco se vuelve a echar a llorar. Yo me siento impotente y no sé qué decirle. Le ofrezco un poco de pan que el rechaza. Cuando para de llover me despido de él y empujo la bici hasta la carretera. Él me sigue. Voy empujado la bici por hacerle un poco de compañía pero vamos en dirección contraria a su pueblo. Consigo averiguar que por lo menos tiene una hermana.
-Ve con ella- le aconsejo.
Lo único que me contesta es que no habla inglés. Le sigo insistiendo. Está claro que me entiende pero solo sacude la cabeza y de vez en cuando se seca las lágrimas. Pronto se pone a llover otra vez, justo cuando hemos llegado a una aldea. Hay un recinto para guarecerse que además venden fruta y bebidas. Le compro un zumo y unos plátanos que seguro que tiene hambre. Nos sentamos al lado sin decirnos nada. Cuando para de llover me despido de él y continúo mi camino. Me siento fatal e impotente pero no sé qué hacer para ayudarlo. No hablo su idioma y así es imposible que pueda hacer nada. Me voy bastante triste y apesadumbrado. ¿Por qué esta vagando por ahí en vez de acudir al consuelo de su familia? Nunca lo sabré. El mundo está lleno de dramas y al final no somos nada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: