Del océano Atlántico al Índico. ¡Llegué! África en bicicleta

Cruzando África en bicicleta

Enero 2020

Después de la paliza, principalmente por el sol, de cruzar el parque nacional de Mikumi, estoy reventado. Me hubiera gustado llegar a la ciudad de Morongoro pero no soy capaz de hacer los 65 kilómetros que me separan de ella. Al final paro en un campin a veinte kilómetros de distancia. Llueve un poco y en el camping tienen un sitio con tejado en el que puedo poner la tienda. Pregunto si es posible y me dice que sí. Cuando le voy a pagar me dice que son 10000 shiling más que los que habíamos acordado. Que dormir bajo techo es más caro.
-Pues me llevo la tienda fuera aunque esté lloviendo- le digo bastante enfadado. -¿Dónde la puedo poner?
-No, no, está bien aquí.
-¿Seguro?
-Si, si.
Vamos que lo que quería era sacarme el dinero, que si cuela, cuela. Me sabe muy malo.
Al día siguiente enseguida llego al camping que quería con piscina y Wifi. Pero total que el wifi no funciona. Pero bueno, por lo menos puedo descansar y relajarme que falta me hacía.

Otro día de calor asfixiante. Tengo que parar continuamente a hidratarme y además literal porque la botella de agua de ciclismo la tiré a la basura Porque tenía una película verde pegada por dentro que no podía limpiar al no caberme la mano. Ya empezaba a dar bastante asco beber de esa agua. Ahora llevo una normal de agua a la cual hay que desenroscar el tapón para beber así que tengo que parar. En una de las paradas me olvido las gafas de sol y ya estoy muy lejos cuando me doy cuenta. Tengo unas de repuesto porque sabía que tarde o temprano esto pasaría. Según las fotos de satélite de google maps tengo un buen sitio para acampar. Al lado de la carretera es todo un bosque muy espeso pero por un camino se llega a una zona más despejada porque pasan las líneas de alta tensión. Sí, es sitio es muy bueno pero no ha tenido en cuenta las miles de hormigas que hay. En cuanto paro unos segundos ya las tengo subidas por las piernas y me las tengo que sacudir. Me voy pitando de allí. El camino está lleno de charcos y acabo con las piernas llenas de barro. Me pican un montón, no sé si del barro o de las hormigas o de la obsesión de que me están subiendo. ¿Y ahora qué hago? Es bastante tarde. Solo me quedan tres cuartos de hora de luz y según la aplicación pronto viene un pueblo y al otro lado de la carretera hay casas. Decido probar suerte allí. Hay un camino paralelo a la carretera en el cual me meto. Hay mucha gente pasando y no veo sitio para poner la tienda. Además en la foto satélite se ve que hay muchas casas por aquí. Aprovecho un momento que no hay nadie para meterme por una senda y ¡bingo! Tengo sitio para ponerme. Es casi de noche y me tengo que dar prisa. Mientras se hace la cena voy montando la tienda. Una vez que me he metido a dormir aun pasa por allí un hombre cargando un haz de leña a la espalda pero no me dice nada. Me quedan 130 kilómetros para llegar a Bagomoyo, un pueblo costero, que es mi meta final pero el eje está destrozado y me da mala espina. No sé yo si no se partirá antes. Y encima me he encontrado un radio partido, como siempre en el lado de los piñones. Rezo para que me aguante mañana otros sesenta kilómetros por que luego ya el resto me los hago aunque sea andando.

Otro día de calor y otro día que se me echa la noche encima. Me meto por un camino buscando sitio para acampar pero oigo a un montón de gente hablando y me doy la vuelta. Busco otro que en el satélite parece camino pero tiene unas hierbas que me llegan por la cabeza. Aun así lo intento y me introduzco un buen trozo pero no hay sitios que no estén llenos de maleza. Me pican mucho las piernas que  imagino que será de alguna hierba. Siempre que me meto por sitios así me vienen a la cabeza las serpientes que he visto muertas en la carretera que no son nada pequeñas. ¿Habrá alguna al acecho? Vuelta a salir a la carretera. Al poco me encuentro una casa abandonada. Lo malo es que se ve mucho desde la carretera pero no tengo más opciones por lo que me instalo allí. La tienda no la monto hasta que no se hace de noche. Ceno una lata de judías que he conseguido después de 20 días en Tanzania. A las tres de la mañana me medio despierto porque noto como picores por todo el cuerpo. Me sacudo y me doy la vuelta para seguir durmiendo. Me sigue picando y yo venga a sacudir intentando no despertarme del todo. Al final enciendo una linterna y veo que ¡tengo la tienda plagada de hormigas! Con razón me picaba todo. Por lo menos son pequeñas y no parece que muerdan. Echo flis flis para matarlas y casi es peor. Por poco no me intoxico. Que maneras de toser. Eso es malísimo para la salud. Aun así no las mato a todas y me cuesta conciliar el sueño. Por la mañana tengo que sacudir todas las bolsas, la tienda, el saco etc.

¡Ultimo día! Hoy debería llegar al mar. El eje me tiene con el corazón en un puño pero confío en que aguantará. La carretera es bastante llana y enseguida estoy prácticamente a nivel del mar. Poco a poca van pasando los kilómetros que con las ganas que tengo de llegar se me hacen eternos. Se levanta un fuerte viento en contra. África me quiere dar guerra hasta el final pero yo no cejo en mi empeño. Me recibe el cartel de que ya estoy en Bagamoyo, pueblo costero y mi meta final. Parece que ya estoy pero el mar se resiste a aparecer. Una subida inesperada, una bajada, una curva y… ¡EL MAR! ¡Ya veo el mar! Cien metros, ya estoy. No aparto la mirada mientras me voy acercando. Me meto por un camino con camiones a los lados como una guardia de honor. Un olor fuerte y penetrante me invade las fosas nasales. Estoy en el mercado del pescado. La gente se agolpa alrededor de cestas llenas de pescado intentando conseguir los mejores precios. Atravieso unos troncos, giro a la izquierda y llegué. ¡¡LLEGUÉ!! Por fin. Aquí estoy, 5300 km y 134 días después, el océano Índico. Ha sido duro, he pasado sed, calor y hambre. He tenido montones de problemas con la bici, las alforjas, la tienda pero he conseguido superar todos los obstáculos, todas las piedras que se me han puesto en el camino y aquí estoy. Del océano Atlántico al Índico.

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10 comentarios el “Del océano Atlántico al Índico. ¡Llegué! África en bicicleta

  1. ¡Felicidades! ¡Lo conseguiste! Una bonita experiencia que quedará para siempre.

    Hau que ver la lata que te ha dado la bici durante todo el trayecto…

    Un abrazo, Aitor

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  2. Felicidades Rafa!!! Pedazo aventura,!!!
    Comprarás bici para sudamerica? Arreglarás la que tienes?
    Viajarás en avión o barco?
    Un abrazo!!!

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    • Gracias!!😄 Si, me he comprado una bici nueva en Colombia. He venido en avión. Nuevas aventuras por Sudamérica! Un abrazo!!

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