Bogotá. Empieza la aventura. Sudamérica en bici.

Sudamérica en bicicleta.

Febrero 2020.

Tengo el vuelo a Bogotá, Colombia a las cuatro de la mañana. Como no me apetece pegarme todo el día en el aeropuerto y la ciudad no me ofrece nada para pasarlo pregunto en el hotel si puedo coger solo medio día. Sin problema. Menos mal. Aun así tengo que estar un montón de horas en el aeropuerto porque como voy con la bici por ahorrarme un taxi, tengo que estar allí antes de que se haga de noches. A las cinco y media parto para allí. Esta ciudad es caótica. Tiene como un carril al lado de la acera por el que suelen ir motos, bicis y personas e incluso algún coche a veces pero son anárquicos y a veces difíciles de seguir. Hay que ir esquivando puestos callejeros, personas, agujeros en el suelo etc… El aeropuerto lo tengo a 11 kilómetros y se me hacen un poco largos. He puesto el medio pedal que se me cayó pero ha sido un error porque tiene tres tornillos pasados de rosca y se sujeta solo con uno. Se me voltea y se me va enganchando. Tengo la herramienta recogida y no quiero tener que sacar todo para sacarla así que le meto cuatro patadas hasta que se arranca. Al llegar al aeropuerto hay un chaval trabajando allí con las barreras para los coches que me pregunta dónde voy y tal. Es su día de suerte, le ha tocado una bici. Aunque con la de problemas que da esta bici no sé si es un premio o un castigo. Desmonto la parrilla trasera y se la doy. Adiós Muddy fox, compañera de aventuras por treinta años. Y seguro que va a seguir dando guerra. Me da un poco de pena separarme de ella pero la pobre ya ha dado todo de sí. Son casi las siete conque aún tengo nueve horas de espera que se hacen bastante largas. Vuelo con Turkish airline que para mí, junto a Qatar, son las mejores. ¡Nos dan hasta zapatillas de andar por casa! Turkish cobra unos cien euros por llevar la bici en el avión y Qatar te permite 30 kilos entre los cuales puedes llevar la bici. Lo malo es que 30 kilos porque solo la bici ya son unos quince con lo cual es difícil meter todo.

El primer vuelo es a Estambul. Allí tengo una escala de 15 horas. Me ha tocado el peor asiento, el del medio. Por no pedir pasillo al facturar. Odio ese asiento. Si estas en ventana por lo menos ves por la ventanilla y si te toca pasillo te puedes levantar cuantas veces quieras sin tener que molestar a nadie pero el asiento del medio no tiene ningún beneficio. En Estambul podría haber salido a ver la ciudad pero hay que pagar visado y ya he estado aunque quince horas se pueden hacer muyyy largas. Me voy a la sala de butacas a aprovechar para dormir. Lo malo es que eso de dormir sentado, aunque esté reclinado, no lo llevo muy bien. Cuando me canso de estar en la tumbona me echo en el suelo y allí sí que duermo bien a gusto. El siguiente vuelo son trece horas y otra vez en el asiento del medio. Me pongo a ver películas pero creo que no acabo ninguna. Cuando llevo un rato me quedo dormido y me despierto a ratos. Al final acabas reventado.
Por fin en Bogotá. Los trámites son sencillos y en un momento ya tengo mi visa gratis de tres meses. Las alforjas y la bolsa de deporte se llevan fatal. Acabo con dolor de hombro y eso que no tengo que andar mucho. A la salida del aeropuerto cojo una lanzadera que me deja en el portal el dorado. Allí cojo un bus que me deja cerca del hotel. Aún tengo una sorpresa. Menuda rampa hay para llegar. Me tengo que parar unas cuantas veces hasta llegar arriba. Luego me doy cuenta que he pasado de cero metros a dos mil seiscientos. Entre eso, lo cansado del viaje, lo mal que se llevan las bolsas y que soy un flojo, pues es normal que me costara tanto.

Voy a estar cuatro días en Bogotá descansando y haciendo compras que necesito muchas cosas. Lo primero conseguir una bici. Una chica de Colombia me ha puesto en contacto con un amigo suyo que es cicloturista y me da consejos y me recomienda una tienda de bicis. Mi idea es comprar una de acero de 26´´ con frenos de zapatas y sin amortiguación. Haber hay pero tienen muy pocos desarrollos y para subir los puertos andinos con ellos pues muy mal. Al final me acabo cogiendo todo lo contrario de lo que he dicho. Me pillo una de 29´´ con freno de disco y amortiguadores. Cuando me dice el precio casi no me lo podía creer. Por un momento he pensado que me decía dólares. 138 euros me ha costado. En España valdría entre 300- 400 euros o más. Tengo la duda si la parrilla que llevo valdrá así que le digo que ya volveré por la tarde con ella y la pruebo. Un poco justa va pero yo creo que sí que irá bien.

Comida en condiciones. ¡Por fin! Desde las puertas de los restaurantes ya te llaman para que entres. Aquí le llaman almuerzo en vez de comida. Un almuerzo puede empezar desde los 7000 pesos (2 euros) hasta lo que quieras. La subida que tengo hasta el hotel está llena de restaurantes y muchos de ellos tienen bonitos dibujos hechos a mano en las fachadas. Todos tienen menú del día. Me meto en uno que me cuesta menos de tres euros y por ese dinero me dan una crema, una pechuga a la plancha, lentejas, arroz, patatas fritas y una limonada. Muy bien. Menudo placer después de las comidas de África. Allí perdí once kilos. A ver si los recupero.
Hay mucha gente por las calles y muchos ciclistas. Los barrios están muy animados. Los vendedores son muy “agresivos” y están en las puertas de los negocios gritando e intentando atraer clientes. Algunos incluso con micrófonos. Me parece que esté en las ferias. Hay zonas con tanta gente que empujando la bici me cuesta hacerme sitio para pasar. Me llevo una sensación agradable de la ciudad. Las calles están más o menos limpias y ordenadas nada que ver con el caos y la polución de Dar es Salaam.

El domingo por la mañana toca seguir gastando. Me voy a Decathlon a comprar cosas para la bici y ropa de abrigo. El forro polar lo perdí en África y el chaleco de plumas huele que apesta. Resulta que no me di cuenta que el agua que me entraba en las alforjas por las costuras rotas, se quedaba en el fondo y el chaleco ha debido estar meses empapado de agua. Un olor insoportable. Lo voy a tener que tirar. Esta vez me compro una cazadora impermeable y un forro que es bastante malo. Gorro, guantes, braga y calcetines completan mi equipación para soportar el frio. También compro repuestos para la bici y una cesta para el manillar.
Bogotá es enorme, tiene 7,5 millones de habitantes y para desplazarme uso los autobuses tranmilenio. En las avenidas principales tienen un carril solo para ellos separados del resto de la calzada por lo que son bastante rápidos y muy sencillos de coger. Como un metro por la superficie. Es una pasada la de ciclistas que hay hoy por las calles, increíble. Al principio pienso que será una carrera popular pero nadie lleva dorsal y todos van a su aire. Han cerrado hasta un carril de la avenida que va hacia el aeropuerto. Imagino que lo harán todos los domingos. A mí me ha dejado flipado la cantidad de gente en bici. Eso es afición.

Mi último día en Bogotá lo aprovecho para subir al cerro de Monserrate. Está a una altitud de 3152 metros. Arriba se encuentra la basílica de Monserrate y se puede subir por funicular, teleférico o andando. Yo, por supuesto, subo andando. El camino tiene 2350 metros de longitud. Cada cierto tiempo hay carteles de madera indicando donde estas. Al principio del camino me cuesta dios y ayuda. Pronto me falta el aire y tengo que frenar un poco un ritmo que ya de por si no era muy alto. No sé si es la altitud o que soy un flojo pero me preocupa un poco pues también quiero aprovechar a hacer montañismo. Hay mucha gente que baja de espaldas, no sé porque. Poco a poco voy cogiendo ritmo y subo sin problemas. Desde arriba la vista es espectacular. Se divisa toda la ciudad de Bogotá, que es enorme. Siete millones y medio de almas viven aquí.

Me han dicho de una tienda donde tienen parrillas delanteras, que no me vendrían mal pero está a 16 kilómetros de aquí. Como he acabado bastante cansado de la subida a Monserrate y por la andad de después por el casco antiguo, no me apetece ir hasta allí. A ver mañana como me quedan las cosas en la bici y si lo necesito me pasaré desviándome un poco de mi ruta. Me voy al súper a hacer previsión de comida. ¡Que no falten los noodels! Me preparo el equipaje. Visto lo del agua en las alforjas, voy a meter la ropa en la bolsa de deportes que esa sí que esta impermeabilizada y las cosas que “no pasa nada” porque se mojen en las alforjas. Cuando las estoy preparando me parece como si me sobrara mucho sitio. Error. En cuanto meto la tienda y el saco en una alforja, ya no me cabe nada más. El saco abulta tanto que no ha cabido en la bolsa de deporte. Y huele que apesta. Lo tendría que haber llevado a una tintorería pero no me di cuenta. Al final me falta sitio. A ver mañana cuando acabe de meter todo lo que falta. Mientras estoy con el equipaje, una alegría. Se va uno de la habitación que ha estado todos los días. A todas horas oyendo misas y música religiosa y sin ponerse cascos. Esta mañana me ha despertado a las siete de la mañana con cantos al espíritu santo. Con el asco que me dan todas las religiones y en especial la católica. Hubiera preferido alguno que roncara y se tirara pedos que esta tortura.

Puedes ver también mis videos en:

https://m.youtube.com/channel/UC-KZl_H4s_4_aj1wvNgF3eA

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