Cruzando África en bicicleta.

Enero 2020.

Hoy he comido mucho y aun así tengo un hambre atroz. A las dos de la tarde un plato de macarrones y por la noche un enorme plato de arroz con tortilla y fruta. Acabo muy lleno pero al poco me hubiera comido otro igual. Hacía mucho que no me daba problemas pero esta mañana se me ha partido otra varilla de la tienda y es que como le faltan varios dedos están muy tirantes y es normal que se partan. Lo que he hecho ha sido ponerle un tubo exterior de los que prepare en Zambia. De momento parece que funciona. La forma que hace es un poco rara pero así tiene menos tensión en las varillas.

En una parada a descansar se me acerca un niño pequeño que es un trasto. No para. No hace más que subirse a la bici y yo bajarlo. Le digo en suajili que no se suba pero no me hace ni caso. Aquí poca gente habla inglés y la comunicación es difícil. Poco a poco me voy haciendo a los precios así los voy entendiendo mejor. Me tomo el día con mucha calma que la carretera sigue subiendo. Por lo menos el calor es soportable. Es duro pero tiene su recompensa. Las vistas de las montañas alegran la vista Hoy decido parar pronto. Hay un camino que lleva al inicio de la andada a un cráter en el que creo que puedo encontrar buen sitio para dormir. Hay mucho bosque pero no hay huecos para poner la tienda por la cantidad de maleza que hay. Al final metiéndome por un caminillo lateral encuentro un sitio precioso para poner la tienda. Al lado tengo uno de esos bosques en los que en los cuentos viven las hadas y los duendes. El suelo está tapizado por las hojas secas de pino. El sol apenas se vislumbra a través a través de sus tupidas ramas. Me encanta. Estoy un poco paranoico con los bichos. Tanta vegetación parece el hogar ideal de serpientes, arañas, mosquitos con malaria, mosca tze tze. Lo primero que hago es ponerme toda la ropa de largo. Además veo una mosca que parece de las tze tze. No sé si será porque solo la he visto en fotos, pero parecerse se parece. Y he leído por internet que por esta zona hay (aunque tampoco hay que creerse todo lo que se lee en la red)

Pasando por un pueblo me acerco a un puesto de comida. Es una castea de madera con el frontal y parte de las paredes laterales cubiertas solo hasta la cintura. El fogón consiste en una caja metálica con una rejilla encima, coronada con un gran puchero en el que está haciendo una sopa. Dentro de la caja va la leña que calienta la sopera. De un gancho cuelgan trozos de carne, piel y lo que me parece un hígado. Viendo la carne colgada se me pasa el hambre de golpe. Veo que también tiene patatas fritas y eso es lo que me pido.
La carretera sigue igual. Mucha vegetación, montañas a los lados y sigo subiendo. Pasado la mitad del día empieza la bajada y esta será larga. Alrededor de 1000 metros de desnivel. Decido coger un atajo por un camino. No sé si debería porque la bici está como está. Ya hace días que voy con un radio menos y después de varios días en Tanzania solo he visto una tienda de bicis y ningún sitio donde las arreglen. Lo de un mecánico en cada pueblo se ha acabado. Por la carretera bajaría en un momento. Por el camino le añado un poco de aventura y no me tengo que preocupar de los coches. La verdad es que no está en muy buen estado. Tengo que ir con las dos manos en los frenos esquivando los regueros en la tierra formados por las lluvias. No me puedo despistar ni un momento sino quiero acabar besando el suelo. La vista es esplendida. A mis pies una llanura inmensa rodeada de montañas. Me gustan tanto las vistas que, aunque es muy pronto, decido parar a dormir allí. Tengo toda la tarde para poder deleitarme contemplando esta maravilla. Las nubes amenazan lluvia por lo que monto pronto la tienda por si acaso. Estoy al lado de un camino pero no creo que pase mucha gente. Pasa un hombrecico que me saluda, muy majo él aunque no habla nada de inglés me hace gestos afables. Se queda un poco alucinado cuando le digo que voy a dormir allí. Al rato pasan dos mujeres. La más mayor es maja pero la más joven se pone muy impertinente. No hace más que hacerme el gesto de dinero y luego tocarse la tripa. Vamos, que le de dinero para comer. Me podrá decir que quiere el dinero para otra cosa pero una mujer que pesará sobre los cien kilos no creo que le falte comida. Cuando le contesto de malas maneras después de sus repetidos intentos de sacarme el dinero, me hace un gesto un poco amenazante con la azada. Justo le viene. Menos mal que se van pronto que ya me estaba tocando la moral. Al rato vuelve el primer hombre que he saludado con otro que sí que habla un poco de inglés. Pues han debido de venir de propio a invitarme a la aldea a dormir. Se lo agradezco un montón pero tengo ya todo montado y hasta la aldea hay tres kilómetros de mucha pendiente, que es por la que he bajado para venir aquí. Y además me apetece disfrutar de estas vistas. Una de cal y una de arena. Como veis hay de todo, gente súper maja y gente súper desagradable.

¡Que bajada! El atajo solo tenía siete kilómetros los cuales los he disfrutado mucho y luego ya ha venido el asfalto. Veinte kilómetros casi sin darle a los pedales. Y con las vistas del valle hasta que lo he alcanzado. Lo más negativo el tráfico. Es muy intenso y el arcén está en mal estado y a distinto nivel de la carretera. Tengo que estar subiendo y bajando continuamente. Incluso hay trozos de carretera que es como si se hubiera hundido el asfalto y tienen un gran escalón el cual no puedo sobrepasar con facilidad. O voy por el arcén esquivando agujeros que algunos son muy profundos o me la juego por el lado del asfalto. En cuanto oigo pitido al arcén corriendo. A veces pitan porque sí, que tienen el otro carril para cruzarse. A esos los mataría. Otras veces les está adelantando alguien y no hay sitio. Vamos, que por si acaso, como no se la situación pues tuve que dejar el espejo retrovisor en España para quitar peso de cara al avión, cada vez que oigo un pitido me tengo que ir al arcén. Eso de frenar y esperar para pasar no saben lo que es. Y lo del metro y medio ni te cuento.
¡Después de muchos días he encontrado chocolate! Hoy no voy a pasar hambre. Lo que me preocupa es que estoy acabando con los noodels y no he visto que vendan en ningún lado. Tres días me quedan para encontrar.

Mosca tze tze

Cruzando África en bici.

Enero 2020.

La salida de Malawi es muy fácil. Aunque el poli de la ventanilla me ha dado una hoja de entrada en vez de salida para que la rellenara. Se lo he dicho Pero me ha contestado que la rellene. Por supuesto no valía y he tenido que rellenar otra. Para entrar a Tanzania hay que pagar una visa de 50 dólares. Ojo que solo se puede pagar en dólares. Menos mal que me había informado antes y ya los llevaba cambiados. Me lo hacen sin problemas.
-¿Dónde puedo encontrar un cajero?- le pregunto al poli que me ha hecho la visa.
Se asoma por la ventana y le dice a uno de los que están pululando por allí para cambiar dinero que me lleve. Nos metemos Por entre unos escombros y una zona de edificios derruidos. Porque me ha mandado el policía sino no estaría muy tranquilo. Parece ser que el edificio donde estaban los cajeros está derruido y han puesto dos camiones con cajero automático para sustituirlo. Volvemos para coger la bici y le doy las kwachas que me han sobrado de Malawi, que son pocas. La verdad es que una de las cosas que más me está gustando de África es que nadie me ha intentado robar y que he podido dejar la bici fuera con todo el equipaje mientras compro, sin mucha preocupación.

En el camping he tenido que esperar casi una hora a que viniera el dueño que no había nadie. Al final me he cogido una habitación que para algo es noche vieja. Es bastante barato. Seis euros la habitación y dos el camping.
He desmontado el eje de la bici para darle la vuelta. Pues resulta que yo estaba equivocado. Está bien puesto. Yo pensaba que irían a contratuerca pero no. ¿Entonces porque se floja? Pues ya me he dado cuenta. Resulta que la biela tiene juego con respecto al eje entonces al ir meneándose la tuerca se va aflojando por mucho que la apriete. Al poner el eje otra vez, me rozan los platos en la horquilla. ¿¡No era más largo el eje!? Pues no, era corto y encima como parecía que iba bien no cogí el viejo. ¿Entonces porque antes de desmontarlo yo no pegaban? Pues porque uno de los rodamientos esta puesto al revés y así ganaba unos milímetros. Vamos que está trabajando de culo por lo que a saber cuánto aguantará.
Me voy hasta el pueblo más cercano que está a un kilómetro a comprar algo de comida. En dos tiendas que he ido a comprar no tenían cambio de un billete de 5000 shilling que vale dos euros. Pues tengo todo billetes de 10000 así que cuando vaya a comprar en aldeas pequeñas eso va ser un problema.
Se me ocurre que con una contratuerca puedo solucionar parte del problema. Cuando estoy preguntando en una tienda me percato que no hay suficiente rosca para poder ponerla. Hay uno al lado arreglando motos y le pido una llave a ver si tiene de tubo para darle un buen apretón. No tiene pero me va a buscar una. Paseando por una calle veo unos soldando. Esta es la mía. Les digo que me suelden la tuerca al tornillo. Esta ya no se afloja más. Con esto estoy condenando el eje pero ya me da igual. Empiezo a estar un poco cansado de tantos problemas que me está dando. En cuanto se rompa algo del eje se acaba la aventura en África con la bicicleta. Me quedan 900 kilómetros para acabar. A ver si tengo suerte. La biela se irá desgastando de los continuos meneos hasta que se redondee y el rodamiento que está al revés ya veremos a ver. Conforme se vaya desgastando será más molesto el pedalear. Cruzo los dedos. Que aguante lo que me queda de viaje en África.

Es Nochevieja y con la música a tope que había anoche para celebrarlo casi no he pegado ojo. Hace un día radiante, ni una sola nube tapa el cielo. El día de hoy va a ser duro. Tengo que subir 1000 metros de desnivel. Es curioso cómo pueden cambiar tanto los países de un lado de la frontera al otro. Y no me refiero a la gente sino al paisaje. Malawi está muy deforestado para hacer plantaciones de maíz y tabaco. En Tanzania la vegetación es muy espesa y apenas hay campos. También hay muchísima menos gente y las aldeas están más alejadas unas de otras. No lo he tenido en cuenta y hoy lo pagaré caro. La carretera transcurre por crestas de montaña. A los lados se abren profundos valles rodeados de más montañas. Las vistas son preciosas. Hubiera sido un buen día de no ser por el sol. Este me pega inclemente sobre la cabeza. Desde que perdí la braga no tengo nada que ponerme. Únicamente el casco pero subiendo con esta calor molesta bastante. Pero si no me lo pongo corro el riesgo de una insolación. El termómetro sube por momentos. Me tengo que quitar las gafas porque el sudor que escurre me impide ver nada. Los desniveles son importantes y poco a poco los voy superando. Ya puedo escurrir la camiseta. ¡Que calor! A veces tengo que bajarme a empujar y otras tengo que parar en cada sombra que se cruza en mi camino para que me baje un poco el calor. Estoy agotado. Últimamente me encuentro muy flojo. Será por la mala alimentación. Más frecuentemente de lo que me gustaría, monto la silla y me pego un buen rato a la sombra de los árboles. En una ocasión dejo el termómetro al sol y se va de escala. Llega hasta los sesenta grados y porque no puede más. Tengo que ir de sombra en sombra ¡Que pereza arrancar! Parece que después de los descansos voy a ir mejor, pero no. Al poco de arrancar ya tengo que parar aunque sea un minuto. Por fin una tienda en la que puedo comprar bebida fresca. De comer solo tienen unos cacahuetes pero por lo menos tomo unos pocos azucares. Estoy en una parada larga debajo de un árbol cuando se escucha un trueno. Visto y no visto cae un buen chaparrón. Al principio me tapa el árbol pero pronto tengo que sacar el forro polar para echármelo sobre la cabeza para no mojarme demasiado. Menos mal que no dura demasiado. De lo caliente que estaba el suelo salen volutas de humo que serpentean por encima del asfalto. Por lo menos se ha refrescado algo. Tengo que aprovecharlo y salgo disparado. A los pocos minutos cae la mundial. En nada estoy tan mojado que puedo escurrir hasta los calzoncillos. En cuanto puedo me meto por un camino hasta una caseta. Está cerrada pero hay un tejadillo que me tapa. ¡Que maneras de llover! Un poco más abajo hay una casa al que le va toda el agua que baja por el camino. Les veo vaciando cubos. Se les tiene que estar inundando con tanta agua. Al apoyar la bici en el murete de la casa este se mueve. ¡Casi lo tiro abajo!

En cuanto para vuelta a la carretera. Ahora sí que ha refrescado del todo pero tengo un problema. Me quedan tres horas de luz y tengo que hacer 24 kilómetros con 500 metros de desnivel y estoy que no puedo con el pelo. El calor me ha pasado factura. Y tampoco ayuda que la biela y el eje cada vez tienen más juego. Pierdo mucha eficiencia en cada pedalada. Que poco me va a durar. Además hay que sumar que desde esta mañana, que he comido unas pocas galletas y tres panecillos, no me he echado nada al estómago a parte de los cacahuetes. Tengo un hambre atroz. Yo contaba con que habría tiendas como en Malawi pero me equivocaba. A los diez kilómetros hay un pueblo un poco grande. Mi esperanza es que aquí haya algún hotel porque al siguiente pueblo no sé si llego. Nada más entrar me compro unos plátanos. Le doy 500 shilling (20 céntimos de euro) y me dan ¡14 plátanos! Y además son bien hermosos. Luego hay un súper y encuentro barritas de cereales y unos bollos buenísimos. Y para rematar tengo un hotel. Menos mal. Ahora a comer y descansar que falta me hace.

Cruzando África en bici.

Diciembre 2019

La carretera es muy agradable y además tiene tendencia a bajar por lo que el avance es muy rápido. De esos días que se disfrutan de verdad. Pero… ¡oh, sorpresa! Un radio roto. Esto es el colmo. Al rato otro. La rueda hace un ocho bastante pronunciado y me roza en la horquilla. Por aquí los pueblos son pequeños y tardo bastante en llegar a uno en el que me lo pueden arreglar. Por momentos me he preocupado bastante pues rozaba mucho y no parecía que fuera a aguantar mucho más. Cuando he entrado al pueblo ha venido uno a preguntar qué tal. Le he preguntado por un mecánico de bicis y me ha llevado hasta él. Luego ha estado ayudando al que me la ha arreglado. Cuando me he ido me ha dicho que si le podía dar algo de dinero. Como me fastidian estas cosas. Que te ayuden por interés. El problema es que luego viene alguien a ayudar desinteresadamente y pienso que me quiere sacar la pasta y me pongo a la defensiva. Pero vamos que con este ya me lo imaginaba y no le he hecho mucho caso.
El cielo pinta negro y al cruzar por enfrente de una iglesia ni me lo pienso. Ahí me quedo. Últimamente le estoy cogiendo el gusto a dormir en las iglesias. Como hay tanta gente por todos lados es difícil encontrar un sitio para plantar la tienda. Como casi todas las noches llueve, aquí por lo menos no se me moja todo. Las iglesias son simplemente una construcción de ladrillo con un techo de chapa. Al fondo tienen un murete que suele poner algo sobre Jesús y ya está. La mayoría no tienen ni bancos. Luego hay otras que están un poco mejor pero esas suelen estar cerradas. En las que duermo yo no hay ni puerta. En algunas hay un baño en el exterior. Si pasa alguien le suelo preguntar si puedo dormir allí pero vamos que aunque no preguntara no pasaría nada.

Yo creo que los radios se me rompen por dos razones. Una es porque no los aprietan mucho. La rueda la dejan perfecta en cuanto a que no se tuerce nada pero hay radios que se quedan flojos y con los baches se van aflojando más hasta que alguno se parte por cizallamiento. La segunda razón es porque me hinchan las ruedas con una bomba buena y meten mucha presión. Esto hace que la rueda no amortigüe y le vaya todo a los radios. Si estuvieran bien apretados esto daría igual pero como no lo están también le influye. Pues nada, en la iglesia le doy la vuelta a la bici y me pongo a apretar los radios. No se me da especialmente bien ajustar una rueda pero espero que no quede echa un churro. Cuando acabo está un poco peor en cuanto a que hace un pequeño ocho pero por lo menos están apretados. Mañana veré si por fin he solucionado el problema.

El día de hoy ha sido muy bueno. El mejor paisaje de todo el viaje, por el momento. Y además 600 metros de desnivel de bajada todos de golpe. Por fin he disfrutado de una bajada de verdad. La carretera ha empezado como ayer, en ligera cuesta abajo aunque hoy me venía un poco de aire en contra. El paisaje bonito aunque sin ser nada especial. Todo muy verde aunque hay muchas zonas deforestadas para cultivar. En las muchas laderas de las montañas hay terrazas de cultivo. . A mitad del día se ha puesto fuerte la cosa. La subida ha sido muy importante. Fuertes rampas en un puerto de varios kilómetros. He subido casi trescientos metros de desnivel en muy poco trozo. Pero luego a disfrutar. Cartel de precaución bajada fuerte. Me he girado a la derecha y ante mi ha aparecido el lago en todo su esplendor. Lo tengo a mis pies, seiscientos metros más abajo. En frente las montañas de Mozambique. Debajo de mí la orilla del lago con su playa y por supuesto el lago hasta donde me alcanza la vista. La bajada es una gozada. Discurre entre las paredes de las montañas con unas pendientes vertiginosas y el lago de fondo. Una maravilla para los sentidos. Voy haciendo frecuentes parada para tomar fotos. En una ocasión adelanto a un camión. Un poco más abajo varias familias de monos se cruzan en la carretera pero huyen en cuanto me ven. Pero como todo lo bueno esto llega a su fin. Ya estoy en la orilla del lago. Esta zona es la más bonita del lago pues las montañas se alzan bastante pegadas a la orilla. Alguna cascada se precipita desde lo alto del farallón rocoso. Saldría algún barranco bueno de alguna de ellas.
Después de unos cuantos kilómetros más llego al camping en el cual pasare la noche. Cinco dólares a pie de playa y además me han dejado poner la tienda debajo de un techo. ¿Qué más se puede pedir?

Al día siguiente se pega todo el día lloviendo así que no me meneo del camping que estoy bajo techo. Al otro amanece igual. Recojo todo y me espero a ver si para. Al final arranco lloviendo porque esto no tiene pinta de parar y no me quiero quedar otro día más aquí. De momento lo radios han aguantado. Ya lo dice el refrán, si quieres que las cosas se hagan bien hay que hacerlas uno mismo.
Las nubes tapan las montañas y el paisaje está muy tristón. Noto algo raro en el pedal. Lo compruebo y es que tiene la tuerca que sujeta la biela floja. Qué raro. No llevo llave para apretarla así que con un alicate hago lo que puedo. Enseguida se me floja otra vez. Y vuelta a la misma operación. Cuando llevo una hora de ruta la lluvia se intensifica y busco refugio en una iglesia. Lleva casi dos días seguidos lloviendo y eso es la primera vez que me pasa en todo el viaje. Normalmente se pega un par de horas y para. Se me hacen casi las tres de la tarde allí y por momentos he pensado pasar aquí la noche pero entonces mañana me tendría que hacer casi 90 kilómetros y no me apetece por lo que aprovecho que solo caen cuatro gotas para continuar. Ya sé porque se floja la biela. Resulta que me han puesto el eje al revés por lo que la tuerca en vez de estar a contra pedal está al revés por lo tanto se floja en el sentido de la pedalada. Ya había leído que hay alguno de estos mecánicos de la calle que te dejan la bici peor de como se la llevas. Este no ha dado una. Lo malo será que igual le doy la vuelta y me pegan los dientes del plato en la horquilla como me pasó con el repuesto que me intentaron poner. Lo que hago es ponerle loctite a la tuerca. De la llave inglesa que tengo solo entra la punta pero haciendo palanca con otra llave consigo apretarla bastante bien. Pues no, no ha aguantado. Casi cada kilómetro tengo que parar a apretarla. Me da miedo que se pierda la tuerca. Así no avanzo nada. No encuentro ninguna iglesia para meterme a dormir y no me queda otra que acampar detrás de unos arbustos. No me hubiera venido mal porque, aunque muy poco, sigue lloviendo y no tiene pinta de parar. Y la zona es muy húmeda por lo que mañana, aunque pare, me tocara recoger la tienda mojada. A la tuerca de la bici le meto el pegamento de dos componentes a ver si así aguanta. Por lo menos hasta el siguiente pueblo grande que está a 60 kilómetros, que allí podré comprar una llave de tubo.

El pegamento no ha aguantado pero frena un poco la tuerca y no se sale del todo. Es bastante molesto pedalear con el juego que tiene la biela. De vez en cuando la aprieto pero enseguida se afloja. Estoy acercándome al final del lago y el paisaje es un poco distinto. Aunque a lo lejos se ven elevaciones de montañas, por donde discurre la carretera es bastante plano. Ya no encuentro mis queridas iglesias y las casas están dispersas a lo largo de la carretera. Karonga es el último pueblo grande antes de la frontera, para la cual aún quedan 40 kilómetros para llegar. Después de preguntar en varias tiendas consigo una llave acodada. Para un día que me queda tengo que sacar dinero pues con el que llevo no me llega. Menos mal que puedo sacarlo con la tarjeta que no me cobran comisión. En cuanto llego al hotel la pruebo. No entra del todo. Me queda más apretado que con el invento de antes pero no sé yo. Al día siguiente pongo rumbo a Tanzania. Enseguida se vuelve a aflojar. También esta floja la tuerca del lado de los platos pero en esa me ha entrado mejor la llave y le he podido dar un buen apretón.

Secadero de pescado

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Cruzando África en bicicleta.

Diciembre 2019.

Me he encontrado con unos turistas sudafricanos que menudo vehículo llevan. Ni autocaravana ni furgonetas. El que llevan estos es el bueno. Con eso a cualquier lado. Es una mezcla de autocaravana y camión. Hablando con ellos nos hemos dado cuenta que llevo floja la rueda de atrás y han sacado un compresor y en un momento hinchada. Por supuesto al poco de empezar a hablar con ellos ya tenemos toda la aldea alrededor. Se aburrirán digo yo. A veces me miran asombrados y cuando les digo que voy a Tanzania ni te cuento. Pero digo yo que han tenido que ver a muchos cicloturistas por aquí porque prácticamente todo el mundo que viene a Malawi en bici pasa por las mismas carreteras, la que va paralela al lago. Hay mucha gente por todos lados. Lo bueno de que haya muchas aldeas es que cuando quiero comprar agua fresca enseguida puedo. Lo malo es que es difícil encontrar algún sitio para acampar. Las tiendas tienen bastante poco de comer. Pan, huevos, galletas, tomates y poco más. Esto se traduce en que mi dieta consiste en nodeels con tomate y huevo todos los días. Luego hay puestos que venden patatas fritas y carne que hacen allí mismo. Y eso es todo. Aún no he encontrado ningún súper mercado medianamente grande con variedad de alimentos. Y para los desayunos los bollos fritos. Un chute de colesterol.

Hoy quiero acampara orillas del lago. Miro en las fotos de satélite a ver qué camino puedo coger para ir que no haya ninguna casa cerca. Pruebo con uno hasta que llego a un sitio de maleza impenetrable, por lo menos con la bici. Para fuera otra vez. El segundo que pruebo parece más claro, hasta que llego a un trozo lleno de agua. Como hay un sitio plano decido quédame allí. No me apetece buscar más. Después de tener todo medio desmontado aparecen una mujer y varios niños por el sitio que me ha parecido inundado. Vuelvo a ir a mirar, esta vez sin la bici, y efectivamente se puede pasar sin problema así que recojo todo y me voy hasta la orilla del lago. Un sitio ideal para poner la tienda con unas vistas inmejorables. Como ya os dicho, aquí es imposible estar solo. Enseguida tengo a varios niños alrededor. Cuando estoy dentro de la tienda oigo a un hombre que me llama. Asomo la cabeza a ver que quiere. Después de un rato hablando me pide dinero. Que malo me sabe. A veces viene gente a hablarme y después de un rato me pasa esto. Lo malo es que al final no sé si los que se acercan es porque son amables y les apetece hablar o porque quieren conseguir algo. Que pidan dinero los niños, que muchos no saben ni lo que están diciendo, que solo repiten lo que les han dicho pase, aunque no me agrada pero que adultos que aparentemente no tienen una necesidad lo hagan, me sabe muy mal. Por la noche me despiertan los resplandores de los relámpagos. Hay una tormenta a lo lejos que no tardara en venir. Consigo hacer alguna foto espectacular de los rayos sobre el lago.

Al día siguiente solo me quedan veinte kilómetros hasta llegar al camping en el que voy a descansar dos días. Pongo la tienda a pie de playa y tengo un fregadero, una barbacoa y una toma de luz al lado de la tienda. Para llegar a mi tienda tengo que atravesar un precioso mini bosquecillo de bambú. El lodge tiene forma de castillo con piscina que da a la playa y tumbonas para disfrutar de la vista. Y además de todo eso tiene wifi, cuando viene la electricidad claro. Que como en muchos países de aquí va y viene cuando quiere. Es el primer sitio en todo Malawi que encuentro con wifi gratis. Un paraíso… si no fuera por las puñeteras moscas. ¡Qué pesadilla!

Después de descansar aquí me dirijo a Nkhata bay. El primer sitio que miro allí para dormir segun internet vale entre 3 y 5 dólares. Cuando le pregunto el precio me dice que 10. Le pido que me enseñe las habitaciones y da asquito verlas. Cuando le digo que no entonces empieza a bajar el precio. Ni se cuánto me lo baja porque no le hago caso. Una cosa es que pidan un poco más y tenga que regatear y otra que me intenten estafar. Y menos mal que no me quede aquí. He descubierto uno a orillas del lago que es precioso. Hay buenas vistas, el camping es barato, dejan canoas, tablas de paddelsurf y máscaras de snorkel gratis y el sitio es muy acogedor. Un sitio de cuento de hadas. Me pensaba quedar solo una noche y al final me estoy tres días. Lo único malo que le encuentro es que tiene muchos escalones.
El pueblo está a diez minutos andando. Todos en el camino se paran a hablar conmigo. ¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? Etc… Al final todos quieren lo mismo, venderme cosas. Alguno huele a mariguana que mata que también me la ofrecen. Me compro una cubierta nueva que estoy harto de pinchar y merece la pena por 7 dólares que cuesta el no estar todo el día arreglándolos.

Madrugo para irme pronto de aquí porque hoy la etapa va a ser dura. Solo son 50 kilómetros pero habrá unos 900 metros de desnivel. Me suena el despertador y oigo la lluvia golpear el techo de mi tienda. Retraso la alarma una hora y me vuelvo a dormir. No voy recoger todo lloviendo. A la hora sigue igual. Me resigno a pasar otro día más aquí. Según el tiempo va a llover todo el día. Pues se equivoca. A las nueve para. Empiezo a recoger todo. Me voy a por la bici y ¡oh, sorpresa! Esta pinchada. Y digo sorpresa porque ayer le cambie la cubierta y arregle el pinchazo que tenía. Pues nada a arreglarlo otra vez. Al ir a desmontar la cubierta veo un radio roto. Esta vez es del lado contrario a los piñones y como llevo repuesto se lo cambio. Al final entre unas cosas y otras hasta las once no salgo de aquí. Al poco tengo que para a poner la rueda un poco descentrada para que no me roce con la horquilla. Al hacerlo me encuentro otro radio roto esta vez en el lado de los piñones. Este no lo puedo cambiar así que más vale que aguante. Tengo una sensación rara con la rueda de atrás como si algo no fuera bien pero por mucho que la reviso no le veo nada raro. En fin, si le pasa algo ya reventara cuando sea. Me tiene más que harto esta rueda… bueno la bici en general. A los cinco minutos de arrancar oigo un golpe y al girarme veo una alforja en mitad de la carretera. ¿Cómo se me ha podido caer? La habré metido mal. Hoy es uno de estos días que tengo la sensación que más valía no haberme levantado de la cama.
La primera subida es fuerte así sin calentar ni nada. Tengo que subir los 130 metros que baje para llegar hasta aquí. La carretera está bonita con las montañas de fondo y todo muy verde. Hay pendientes muy empinadas que me ponen a prueba. En una me bajo a empujar que casi no puedo mover el desarrollo. Me dirijo a Mzuzu que es la tercera ciudad más grande de Malawi. Por lo que he leído tiene 130000 habitantes pero en el extrarradio viven más de 1,7 millones de personas. Solo me quedan 30 kilómetros para llegar pero todavía me queda casi todo el desnivel y se me ha hecho tarde con todo lo que me ha pasado. Como no sé si me va a dar tiempo a llegar y no me quiero que me pille la noche en el extrarradio, me paro a dormir en el primer sitio bueno que encuentro. Una iglesia a 30 kilómetros de Mzuzu.

Menos mal que paré ayer. ¡Que cuestas! En algunas soy incapaz de mover el desarrollo y me tengo que bajar a empujar. Y aun así me cuesta. Me encuentro bastante cansado posiblemente por una mala alimentación y me supone un gran esfuerzo mover la bici. Los ratos que se asoma el sol entre las nubes son asfixiantes. La humedad es tremenda y llevo una sudada que puedo escurrir la camiseta. Como compensación el paisaje es precioso y en las múltiples paradas que hago puedo deleitarme en su contemplación. Las montañas llenas de vegetación se suceden a medida que las voy atravesando. Por aquí hay menos gente que en los alrededores del lago. En una de las paradas a comprar bebida, la mujer mayor que atiende la tienda me saca una caja para que me siente y otra para que apoye el móvil. El plástico que he quitado del batido lo tengo encima de la caja para tirarlo luego en alguna papelera. Pues viene la mujer, lo coge y lo tira a la calle, en la puerta de su tienda. En muchos países es una pena lo sucios que están porque la gente no está concienciada.
Voy a Macondo camp en Mzuzu. Tengo dos opciones para llegar. Opto por ir a través de un parque de conservación de vida salvaje. Espero que me dejen pasar con la bici y no me tenga que dar la vuelta. Sobre todo porque no hago más que bajar. Por supuesto es camino y tengo que ir con cuidado que llevo un radio de menos en la rueda trasera. Ha merecido la pena pues es muy bonito el pedalear bajo la sombra de los arboles con la compañía de los monos.
En Macondo me espera una grata sorpresa. Resulta que la dueña también ha viajado en bici y a los cicloturistas nos deja acampar gratis. Le comento que me estaré aquí dos días porque necesito reparar la bici y hacer otras gestiones.
-Mañana es navidad y estará todo cerrado.
Puff, pues voy a tener que ir hoy a hacer todo. No me apetece nada pues estoy cansado y hasta el centro de la ciudad hay 100 metros de desnivel y 5 kilómetros pero no me queda otro remedio. Yo pensaba que aquí no celebraban la navidad. Al mirar la bici me doy cuenta que se me han roto dos radios más. En unos quince países que llevo de cicloturista en mi vida, jamás se me había roto un radio y ahora en una semana es un no parar. ¡A ver si alguien me ha echado mal de ojo!

De camino al centro me encuentro con un mecánico de bicis. Se les reconoce pronto porque tienen un trapo extendido con la herramienta y alguna bici puesta cabeza abajo. Le digo que me arregle los radios y el eje que vuelve a tener juego. Estaba claro que me iba a volver a pasar porque no pude cambiarlo la otra vez pues no valía el repuesto. Se va a comprar las piezas que necesita. Cuando saca el eje lo comparo con el que ha comprado y para mí que es corto. Va a volver a pasar lo mismo. Él dice que no. En cuanto lo pone se ve claro que no vale. Revuelve en su caja de herramientas y saca uno. Este creo que sí es bueno. A ver si esta es la definitiva que me van a conocer todos los mecánicos de Malawi.

¡He conseguido jamón! Como hacía una semana que había caducado lo habían rebajado de siete euros a uno. ¡Ahora sí que voy a pasar el día de navidad a lo grande!

Necesito el jamón que he perdido unos cuantos kilos

Cruzando África en bicicleta.

Diciembre 2019.

Desde aquí todavía no se ve el lago. Faltan 20 kilómetros para llegar pero me lo he pensado mejor y no voy a ir. Me he levantado todavía un poco tocado así que mejor quieto en la mata. Y además luego tendría que hacer esos kilómetros de vuelta porque la carretera que tengo que coger está antes de llegar a donde estoy ahora. Este pueblo es grande, con muchas tiendas, supermercados y restaurantes. Me como un plato de arroz con huevo y pollo que me sabe a gloria. Saco más dinero en previsión de no encontrar cajeros en mucho tiempo. Llevo tres tarjetas una de las cuales no me cobra comisión hasta 500 euros al mes, lo que va muy bien porque con la de mi banco es un dineral lo que se va. Puede llegar al 5% de lo que saco. Aunque esa tarjeta no me ha funcionado en Zambia ni en Botswana. Aquí poco hay para hacer. Algo que echo de menos de cuando estuve con la bici por Asia es que aquí no hay monumentos ni nada de interés en los sitios. No puedo llegar a un sitio y dedicarme a hacer turismo porque no hay nada.
La rueda delantera la tengo pinchada y como con la bomba que llevo me cuesta un montón hincharla, pues no vale para esta válvula,  la llevo a que me la arreglen. El hombre trabaja a la china chana. Sin prisa. De parche utiliza una cámara vieja. La válvula de mi cámara debe estar un poco cascada pues aun con su bomba cuesta de hincha por lo que me la cambia, previo pago eso sí.

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Cruzando África en bicicleta.

Diciembre 2019.

Escuela más ciclista blanco igual a niños alborotados.  Paso a primera hora al lado de una escuela y en principio no me hacen caso pero cuando paro un poco más adelante a comprar unas bananas vienen todos corriendo. Como se descuide la del puesto se las van a pisar. Se me quedan alrededor mirando cómo me las como. Cuando acabo me despido y me voy.
 El río está ya cerca. El camino ha desaparecido dejando paso a un sendero. Ya empiezo a tener dudas pero vamos, que he preguntado antes y me han señalado todo recto así que yo sigo sendero adelante. Pronto llego al río. Hay una barca amarrada a la orilla y veo que viene otra de la opuesta. Me espero a que llegue.
-¿Puedo montar la bici en la barca?
-Ok
Me ayudan a subirla que pesa lo suyo. Me quedo de pie al lado para sujetarla no se vaya al agua.
-¿Cuánto es el trayecto?- le pregunto
– Mil kwachas- responde con toda su cara.
Este tío se lo flipa. No creo que los locales paguen más de cien por el breve paseo aun así le digo que le doy quinientas. Acepta, claro está. Solo llevo cuatrocientas kwachas sueltas por lo que con eso se queda. Paso de darle un billete gordo y que no me quiera devolver. Bueno, que el billete más gordo que he visto es de dos mil kwachas que vienen a ser dos euros y medio.

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